Gallipoli se define por el límite entre la tierra y el mar Jónico. El casco antiguo ocupa una isla baja de piedra caliza unida al Borgo moderno por un puente de fábrica; desde ambos lados, la costa ha sostenido el comercio, la pesca y, en décadas recientes, una intensa actividad turística. El municipio de Gallipoli tenía 18.826 residentes el 31 de diciembre de 2025, según el balance provisional del ISTAT. La cifra abarca todo el Comune, no solo la isla histórica, y no debe confundirse con la población estacional que llega durante las vacaciones de verano.
La historia municipal sitúa a Gallipoli en la Magna Grecia antes de la conquista romana, cuando se convirtió en un centro militar importante. El nombre suele explicarse a partir del griego kalè polis, “ciudad bella”, pero una etimología sugestiva no demuestra una fecha de fundación. Los documentos locales recogen más de una narración de origen, incluida una tradición que atribuye la fundación a los cretenses en una fecha muy antigua; la evidencia consultada no permite presentar un año o un único pueblo fundador como certeza. Sí se reconoce una prolongada función marítima. La fuente municipal relata reconstrucciones bizantinas tras destrucciones medievales, la llegada de los normandos en el siglo XI y el crecimiento portuario bajo distintos poderes, hasta el papel del puerto borbónico en el comercio del aceite lampante. El resumen histórico del Comune ofrece ese marco, separando los comienzos inciertos de la historia portuaria mejor documentada.
Al cruzar el puente hacia la ciudad vieja se entiende la forma de antigua fortaleza insular. Las calles estrechas e irregulares conducen a patios, pequeñas plazas e iglesias; de pronto, un paso se abre a una vista del agua. La isla estuvo rodeada por una muralla bastionada de unos dos kilómetros. Tras el ataque otomano a Otranto en 1480, Gallipoli reforzó sus defensas; entre 1879 y 1887 se demolió la parte superior de los bastiones. Hoy el tramo inferior sirve de paseo junto al mar, con vistas que alternan el puerto, el horizonte jónico y la playa de Purità. La página municipal de las murallas urbanas explica la relación entre el Borgo nuevo y el núcleo histórico.
A la entrada de la isla, el Castello di Gallipoli aparece rodeado casi por completo por el mar. Su posición estratégica ayuda a entender la sucesión de reformas defensivas a medida que cambiaban los poderes que dominaban la costa. La ficha municipal lo integra en la historia militar de Apulia y Salento; en años recientes también ha acogido muestras y actividades culturales sobre la ciudad y el puerto. Cerca se encuentra la Fontana Greca, una parada breve pero valiosa. El nombre pertenece a la tradición local, mientras que el Comune describe un monumento transformado por varias intervenciones, con una fachada antigua orientada al sur y otra añadida en el siglo XVIII. La etiqueta “griega” no basta para demostrar que la estructura actual proceda de la Antigüedad.
El interior más imponente del casco antiguo es la Basílica Concatedral de Sant’Agata. Construida entre 1629 y 1696 en piedra local de carparo, es una de las obras principales del barroco gallipolino. La fachada escultórica conduce a un edificio de cruz latina y tres naves; en el interior destacan lienzos de Giovanni Andrea Coppola y Nicola Malinconico, el altar mayor de mármoles policromos y el coro y púlpito tallados. Las calles alrededor de Piazza Duomo guardan otras iglesias y palacios que permiten recorrer el centro como un barrio histórico, no como un único monumento. La ficha de la catedral de Sant’Agata detalla su arquitectura y sus artistas; confirma el acceso parroquial antes de organizar la visita.
Los museos ayudan a comprender la vida que hay detrás de las vistas marinas. El Museo Civico Emanuele Barba, el Museo del Mare, la Sala Coppola y la biblioteca y archivo municipales se encuentran en el casco antiguo o cerca de él. Conservan arte, memoria marítima y documentos sobre el puerto, la pesca y las instituciones locales. La oficina de información turística y las visitas guiadas permiten conectar estos espacios con las iglesias, el teatro y el molino subterráneo de aceite de Palazzo Granafei. Los frantoi ipogei formaban parte de una economía de olivares y aceite lampante: la historia municipal describe Gallipoli como una importante base mediterránea para ese comercio, que abastecía de combustible a lámparas de ciudades lejanas. Es una etapa distinta de la economía turística actual, pero ayuda a explicar los palacios de comerciantes y los espacios de trabajo ligados al puerto.
El mar sigue siendo una actividad económica y social, no solo el paisaje desde una terraza. La pesca continúa activa, y una nota municipal de 2026 da cuenta de las inquietudes de la flota local sobre la regulación del camarón de profundidad. Otro comunicado, de junio de 2026, informa que el mercado minorista de pescado había vuelto a la gestión municipal y entraba en una fase de recuperación con vistas a reabrir; no confirmaba que ya estuviera abierto a visitantes. Conviene no planear allí una compra sin verificar su estado. En la mesa, el Comune menciona la zuppa alla gallipolina, la scapece gallipolina, bottarga fresca hervida y cozzapinna. La disponibilidad depende de la temporada y de la pesca; preguntar por estos platos da una introducción más real al territorio que suponer que siempre están en carta.
Gallipoli también concentra servicios para las localidades cercanas. El plan municipal 2025–2027 describe turismo, alojamiento y restauración junto con el puerto, el comercio, un hospital y centros de educación secundaria que atienden a comunidades del entorno. El verano reúne la mayor demanda de playa y ocio nocturno; el municipio busca ampliar las visitas culturales a otros meses. La fiesta de Santa Cristina, del 23 al 25 de julio, es uno de los momentos centrales del calendario. La fuente municipal describe una procesión marítima alrededor de las murallas, seguida por el recorrido de la imagen por las calles, iluminaciones y puestos de comida donde aparece la scapece tradicional. Las fechas, el tráfico y el programa se modifican cada año, por lo que hay que consultar los avisos vigentes.
Para un día de naturaleza, sal del centro hacia el Parque Natural Regional de la Isla de Sant’Andrea y el litoral de Punta Pizzo, creado en 2006. Sus ambientes reúnen matorral mediterráneo, humedales, plantas adaptadas a la sal y hábitats costeros; el Comune destaca una colonia nidificante de gaviota de Audouin. La isla de Sant’Andrea tiene reglas estrictas: la página municipal prohíbe el acceso del 15 de febrero al 31 de julio y limita las visitas durante el resto del año a grupos pequeños, por itinerarios señalizados y en horarios fijados. Comprueba los avisos de conservación antes de organizar una excursión y permanece en los senderos permitidos. Punta Pizzo y las playas urbanas no son el mismo lugar: cada salida requiere transporte y planificación propios.
Se puede llegar por carretera o por tren, pero conviene comprobar los servicios del día exacto. El Comune indica la SS101 desde Lecce y la SS274 desde Santa Maria di Leuca, además de carreteras provinciales hacia Alezio, Sannicola, Baia Verde y Maglie. La estación de Gallipoli está en las líneas de Ferrovie del Sud Est que conectan por Zollino y siguen hacia Casarano. Los avisos en vivo de RFI muestran cambios estacionales y algunos servicios sustituidos por autobuses, así que no hay que dar por hecho que cada salida sea ferroviaria. Brindisi es el aeropuerto más cercano que cita el municipio; desde allí se puede alquilar un vehículo o seguir por transporte público terrestre. Lecce es el punto de referencia más claro para una llegada regional en transporte público; Alezio y Nardò sirven para explorar el interior salentino.
Una primera ruta puede empezar en el puente y el castillo, seguir por el paseo de las murallas y girar luego hacia Sant’Agata, la fuente, los museos y la playa de Purità. Deja tiempo para comer y observar el puerto: la antigua exportación de aceite y la actividad pesquera actual forman parte de una misma historia urbana. Un segundo día puede dedicarse a Punta Pizzo, a una salida costera solo si las normas vigentes lo permiten, o a viajar en tren hacia Lecce y otras poblaciones del Salento. Gallipoli merece algo más que un día de playa: es una ciudad portuaria con trazado defensivo insular, un notable interior barroco, una economía marítima que continúa y hábitats protegidos junto a la costa. Antes de viajar, confirma horarios de museos y castillo, estado del mercado de pescado, restricciones del parque y trenes o autobuses.