Altamura es una ciudad activa sobre la meseta caliza de la Alta Murgia, cerca del límite entre Puglia y Basilicata. Las calles del centro desembocan en un barrio medieval de pequeñas plazas, iglesias y patios cerrados; más allá del casco urbano se abre un paisaje de cultivos de cereal, pastos pedregosos, dolinas y antiguas explotaciones agrícolas. El registro municipal publicó 70.582 residentes para todo el Comune al 31 de diciembre de 2025. El propio boletín de enero de 2026 advierte que el recuento es provisional y no oficial, a la espera del cálculo definitivo del ISTAT: conviene leerlo como la última cifra del registro municipal disponible, no como un censo final. La historia municipal sitúa Altamura a poco más de 40 km de Bari y a unos 19 km de Matera, lo que permite plantearla como una parada entre la capital regional y Basilicata. El boletín demográfico del Comune y su historia local indican la fecha y el ámbito de estos datos.

Una historia antigua con límites claros

La ocupación del territorio es muy anterior al centro medieval. El Ayuntamiento menciona las murallas megalíticas, fechadas convencionalmente en torno al 500 antes de nuestra era, además de restos prehistóricos y asentamientos peucetios. También recoge una tradición que relaciona el nombre de Altamura con la reina mítica Altea y con una antigua localidad llamada Altilia. Esa narración debe entenderse como leyenda local, no como prueba de que la ciudad actual tuviera una fundación griega o romana documentada. El hallazgo prehistórico más célebre es el Hombre de Altamura: un esqueleto neandertal descubierto por espeleólogos en 1993 dentro de la cueva de Lamalunga. El Ministerio de Cultura lo sitúa en torno a 150.000 años, mientras que los análisis de calcita y uranio-torio establecen un intervalo más amplio, aproximadamente entre 172.000 y 130.000 años. Los restos siguen encastrados en formaciones calcáreas y la cueva no está abierta al público general. En un centro de visitas cercano, los paneles y recursos virtuales explican el sistema kárstico y el descubrimiento. El Ministerio de Cultura resume la identificación y datación científica; la ficha municipal del centro de Lamalunga aclara qué puede conocer el visitante.

La ciudad medieval gira en torno a Federico II. El Comune fecha en 1232 la reconstrucción de Altamura y el inicio de la catedral de Santa Maria Assunta; también describe la localidad como ciudad libre bajo autoridad real. Según la historia municipal, llegaron nuevos habitantes de distintas comunidades, entre ellas griega, árabe y judía. Los claustros —claustri en italiano— son una de las huellas más singulares de esa vida: patios recogidos que aparecen al apartarse de una calle estrecha, a veces con pozo o espacio común. El Ayuntamiento contabiliza más de ochenta. En vez de recorrerlos como un decorado, conviene observar cómo articulaban relaciones vecinales y el uso del agua en una meseta calurosa. La catedral conserva etapas superpuestas: buena parte de la iglesia del siglo XIII fue reconstruida después del terremoto de 1316, en 1534 se invirtió su orientación y la fachada y las torres incorporan intervenciones posteriores. La ficha municipal de la catedral distingue su origen medieval de las ampliaciones posteriores, mientras el proyecto municipal sobre los claustri los vincula con la vida contemporánea del casco histórico.

La catedral y la memoria de 1799

La catedral merece tiempo. La fachada está flanqueada por dos campanarios y una logia; el rosetón presenta quince columnas radiales y el portal gótico reúne esculturas y escenas bíblicas. Algunas partes interiores pertenecen al templo imperial del siglo XIII; otras responden a cambios angevinos, renacentistas y barrocos. Es un edificio transformado durante siglos, no un monumento de una sola época. La plaza del Duomo sigue siendo un espacio público y una puerta hacia las callejuelas. En 1799, durante la efímera República Napolitana, los habitantes de Altamura plantaron un Árbol de la Libertad y proclamaron la república; después, las tropas realistas del cardenal Fabrizio Ruffo sitiaron y saquearon la ciudad. De aquel episodio procede el sobrenombre local de “Leona de Puglia”. Hoy lo recuerdan un monumento y actos conmemorativos; es una memoria histórica concreta, no una afirmación de que la ciudad haya sido siempre rebelde. La página municipal de Piazza Duomo documenta el Árbol de la Libertad y la historia del Comune explica el sitio de 1799 y sus consecuencias.

El pan, el campo y la economía de hoy

El producto más famoso de Altamura también tiene reglas concretas: Pane di Altamura obtuvo la denominación de origen protegida de la Unión Europea en 2003. Su pliego vincula la elaboración con una zona delimitada de la Murgia noroccidental y con trigo duro, sémola remolida, masa madre, agua y sal. Reconoce dos formas tradicionales conocidas localmente como “U sckuanète”, alta y plegada, y “a cappidde de prèvete”, más baja. El producto nació en un sistema rural donde las familias preparaban la masa y la llevaban a hornos públicos; la duración del pan era útil para campesinos y pastores que pasaban días en las masserie. Hoy la cadena DOP conecta agricultores, molinos y panaderías. Es una actividad y una identidad bien documentadas, pero las fuentes consultadas no permiten atribuirle un porcentaje concreto del empleo o de la producción de toda la ciudad. Al comprarlo, busca que el establecimiento identifique el producto certificado, en vez de suponer que cualquier hogaza vendida aquí tiene DOP. El reglamento europeo registra la DOP; la ficha regional describe ingredientes, zona y formas tradicionales.

También se puede recorrer la historia alimentaria en sus espacios culturales. El Museo del Pane está en el antiguo Forno Forte y explica la relación de la ciudad con la panificación; la ficha municipal advierte que tiene escalones en la entrada y que algunas visitas requieren reserva, por lo que es mejor confirmar el acceso. El Museo Etnográfico de la Alta Murgia, instalado en un antiguo convento carmelita, reúne herramientas y objetos de la vida pastoril, agrícola y artesanal. Sus días de apertura publicados son limitados y conviene verificarlos. El Museo Arqueológico Nacional presenta hallazgos desde la prehistoria hasta la Edad Media y sitúa Altamura dentro del mundo peucetio y de la Murgia. La Región de Puglia incluye la ciudad en su clasificación de lugares con economía predominantemente turística y ciudad de arte, aunque eso no equivale a un estudio detallado del empleo. El visitante sí encuentra una combinación observable de producción alimentaria, museos, alojamiento, restaurantes y servicios de una ciudad habitada. La ficha del Museo del Pane, la información del museo etnográfico y la página del Ministerio sobre el museo arqueológico ayudan a elegir las visitas.

Del Pulo a los pastizales de la Murgia

El atractivo natural de Altamura está en la forma del terreno. El Pulo, a unos 9 km del centro, es una gran dolina kárstica en forma de cuenco, de unos 500 m de diámetro y hasta 75 m de profundidad, modelada por el agua que circula por la roca caliza. En sus paredes hay cuevas y refugios utilizados en la prehistoria; la cavidad profunda de la base está reservada a espeleólogos. El Parque Nacional de la Alta Murgia protege pastizales calizos, lomas rocosas, sumideros, cuevas, cultivos, pastoreo y masserie de piedra en trece municipios. Es un paisaje expuesto al sol: lleva agua, calzado adecuado y revisa el tiempo y el estado de los senderos. Las rutas antiguas publicadas por el parque no garantizan que todos los accesos estén mantenidos o abiertos; pregunta antes al parque o al centro de visitas. La ficha del Pulo del Ayuntamiento detalla tamaño y acceso; el Parque Nacional describe la meseta y su patrimonio rural.

Otro hallazgo excepcional es la cantera de Pontrelli, donde el Ayuntamiento registra más de veinte mil huellas de dinosaurios del Cretácico, de unos 70 millones de años. Es una prueba de aquel paisaje remoto, no de una ciudad humana contemporánea de los dinosaurios. En este momento la página municipal informa que el sitio está cerrado por obras de infraestructura y que no dispone de horarios ni datos de entradas. No lo incluyas en un itinerario hasta que el Comune confirme su reapertura. Mientras tanto, el Museo Arqueológico o el centro de Lamalunga ofrecen alternativas visitables, siempre comprobando horarios. La ficha municipal vigente de Cava Pontrelli informa sobre el cierre; el centro de visitas de Lamalunga interpreta la historia del hallazgo neandertal.

Cómo llegar y organizar dos jornadas

Ferrovie Appulo Lucane conecta Altamura con Bari, Matera y Gravina in Puglia. El mapa de la operadora enumera las estaciones desde Bari, pasando por Altamura, hasta Matera; su página de horarios reúne los cuadros ferroviarios y las conexiones de autobús de sustitución. Las obras recientes han cambiado servicios en algunos tramos, así que consulta el viaje para el día exacto, la estación y el sentido; no conviene reutilizar un horario antiguo ni suponer que todos los trenes circulan sin transbordo. Altamura también está en el ramal hacia Gravina, útil para enlazar dos localidades si los horarios coinciden. Una vez en la ciudad, el centro histórico se recorre a pie; para el Pulo, Lamalunga y los sitios arqueológicos más alejados, confirma transporte, visitas guiadas y regreso. El mapa de líneas de FAL muestra las estaciones Bari–Altamura–Matera, el portal de horarios publica los servicios vigentes y el aviso de agosto de 2026 informa de la reanudación del servicio después de obras.

El primer día puede centrarse en el centro: catedral, claustri, Piazza Duomo, Museo Arqueológico y una panadería que identifique su Pane di Altamura DOP. Una segunda jornada permite acercarse al centro de visitas de Lamalunga y al Pulo, y dedicar tiempo al paisaje de la Murgia. Si Cava Pontrelli reabre, se podrá sumar al itinerario, pero hoy sigue cerrada según la información municipal. Hay trenes, museos, comercios de alimentación, restaurantes y alojamiento en la ciudad; los espacios naturales requieren una planificación mayor. Comprueba horarios, reservas, avisos del parque, tiempo y conexiones FAL antes de salir: cambian con más frecuencia que las calles de piedra y el portal de la catedral, que invitan a quedarse un poco más.