Un pueblo en la cresta y un territorio que se extiende más allá
Irsina ocupa una posición elevada, a unos 550 metros, entre los valles del Bradano y del Basentello. El casco antiguo se recoge en torno a calles estrechas, puertas y plazas; el municipio, en cambio, abarca una extensión rural mucho más abierta, con campos y asentamientos dispersos. Esa diferencia entre el núcleo compacto y su territorio agrícola ayuda a entender por qué una visita puede empezar caminando por callejones y continuar por fuentes, caminos y pequeñas aldeas.
El balance demográfico anual del ISTAT registra 4.292 residentes en todo el municipio a 31 de diciembre de 2025. Es una cifra municipal, no solo del casco antiguo, y el propio instituto la considera provisional hasta que se incorporen los ajustes censales definitivos. Para el visitante, la dimensión pequeña significa que conviene organizar con antelación los accesos a iglesias, museo, recorridos y transporte.
De Montepeloso a Irsina: historia sin atajos
Hasta 1895, Irsina se llamó Montepeloso. El cambio de topónimo está documentado; las explicaciones sobre el origen preciso del nombre moderno no tienen el mismo grado de certeza y no hace falta presentarlas como hechos. Tampoco las piezas arqueológicas permiten afirmar que la ciudad actual fuera fundada por romanos o griegos. El Museo Cívico Michele Janora conserva objetos que relacionan el territorio con presencia humana desde la prehistoria, procedentes de tumbas y necrópolis de zonas de Basilicata oriental y del noroeste de Apulia. Es evidencia de una historia larga en el entorno, no una fecha exacta para el nacimiento del pueblo de la colina.
El relato histórico del Comune describe el desarrollo medieval de Montepeloso como una concentración en la altura, más defendible que las orillas de los ríos, y sitúa una fase temprana del asentamiento en el siglo IX. También narra la destrucción de 988 y la reconstrucción asociada al príncipe lombardo Giovanni II de Salerno. Es la memoria histórica municipal y debe leerse junto a los datos arqueológicos, sin convertirla en una continuidad demostrada desde tiempos remotos. Los barrios de Casale y Greci, las murallas, las puertas, las iglesias y las casas nobles muestran cómo se fue formando el centro que hoy se recorre.
La historia del territorio se amplía al salir del casco. Cerca del castillo de Monte Serico, en Serra Battaglia, el Comune sitúa la batalla de Montepeloso de 1041, en la que vencieron las fuerzas normandas frente a las bizantinas. No es un monumento urbano junto a la catedral: forma parte de la ruta rural hacia Borgo Taccone y abre una lectura de toda la cuenca del Bradano.
La catedral y la imagen de Santa Eufemia
La Concatedral de Santa Maria Assunta marca el centro del recorrido. El edificio tiene raíces medievales, aunque su aspecto actual es el resultado de varias transformaciones. El municipio describe sus intervenciones sucesivas y el interior barroco; la información turística regional fecha una reconstrucción importante en 1777. Junto a la iglesia permanece el campanario de formas románicas. Dentro se encuentra la escultura policromada de Santa Eufemia, patrona de Irsina, realizada en el siglo XV. La página municipal la presenta como atribuida a Andrea Mantegna. La Superintendencia regional, que dirigió su restauración reciente, califica la obra de enigmática y documenta los estudios técnicos realizados; por eso es más riguroso mantener la fórmula “atribuida a” que dar la autoría por cerrada.
La escultura se relaciona con la donación De Mabilia, realizada después de 1450 por Roberto de Mabilia, sacerdote de Irsina que vivía en Padua, cuando se renovaba el conjunto artístico de la iglesia. La restauración, presentada en 2024 tras los trabajos iniciados años antes, dio lugar a un documental breve y a una guía digital. La catedral también conserva un crucifijo de madera, una pila bautismal y pinturas de la escuela napolitana. Antes de viajar exclusivamente para verla, es prudente confirmar los horarios y las condiciones de acceso actuales.
A pocos pasos, el antiguo convento de San Francesco alberga el Museo Arqueológico Cívico Michele Janora. Según el Ministerio de Cultura, Janora, historiador y arqueólogo local, reunió más de 1.600 piezas; unas 300 se muestran en seis salas. Hay cerámicas, armas y adornos de bronce y hierro que abarcan desde la prehistoria hasta la época helenística. El museo ayuda a leer la historia material de la región; la catedral, en cambio, reúne la historia religiosa y artística del propio pueblo. Los datos prácticos que el Ministerio publica sobre el museo llevan varios años sin actualizarse, así que hay que verificar apertura, entradas y acceso antes de salir.
Palacios, puertas y un paseo por el casco antiguo
La visita no debería reducirse a dos interiores. Se puede enlazar Piazza San Francesco, Via Roma y Piazza Castello, seguir los antiguos accesos y mirar cómo las murallas y los edificios se adaptan al relieve. El Comune destaca los palacios D’Amato Cantorio y Janora, levantados entre los siglos XVI y XVIII. El segundo recuerda al historiador que escribió sobre Montepeloso. Palazzo Nugent incorpora la fortificación medieval de Porta Maggiore, también llamada Porta Sant’Eufemia, y fue transformado en residencia por los Riario Sforza en el siglo XVIII. Son referencias para leer la arquitectura desde la calle; la descripción no implica que sus interiores sean visitables.
El programa municipal “Irsina eSCUrsioni” organiza cuatro itinerarios temáticos: por las calles y los portales, hacia los principales hitos, más allá de las murallas y hasta Borgo Taccone. Los recorridos enlazan iglesias y palacios con jardines, fuentes y campos. También cambia el terreno: el paseo urbano pasa por callejones, escalones y umbrales; los tramos exteriores siguen caminos rurales. Calzado cómodo y una comprobación del estado del recorrido son especialmente aconsejables después de lluvias.
Los Bottini: agua, galerías y paisaje
En Contrada Fontana, las galerías subterráneas conocidas como Bottini permiten entender cómo el agua condicionó la vida diaria. El Comune explica que la geología local concentra manantiales y que los pasajes muestran la circulación del agua subterránea y las cubetas de decantación; el sistema ayudó a ampliar y reforzar las fuentes del pueblo a comienzos del siglo XX. No se trata solo de una curiosidad bajo tierra, sino de una obra ligada al abastecimiento y al territorio. La ficha municipal indica que los túneles se pueden recorrer, pero el acceso depende de las condiciones del lugar: conviene preguntar si están abiertos, si hace falta guía y qué medidas de seguridad se exigen. No debe suponerse que se entra por cuenta propia.
La agricultura también sigue presente en la manera de contar Irsina. La oficina turística regional destaca una cocina de origen campesino: pan y trigo, pasta hecha en casa, legumbres, hinojo silvestre, verduras, cordero y platos de temporada. Es una descripción de la tradición culinaria, no una estadística sobre los empleos actuales. El paisaje rural tiene otra historia más reciente en Borgo Taccone, asentamiento vinculado a la reforma agraria de 1953. Su iglesia de San Giuseppe se construyó en los años cincuenta. Desde esa zona, el sendero CAI hacia Monte Serico coincide con un tramo de la Vía Francígena del Sur y cruza tierras cultivadas y casas de labor.
Cómo llegar y cuánto planificar
SITA Sud publica la línea regional 650 entre Irsina, Gravina in Puglia, Altamura y Matera. Es una conexión práctica para llegar desde cualquiera de esos centros cercanos, aunque los horarios distinguen entre días lectivos, laborables, festivos y otras condiciones. Antes de comprar alojamiento o enlazar con otro transporte, hay que revisar el servicio de ida y el último regreso del día. El municipio también ha anunciado una zona de tráfico limitado en el casco histórico; quien llegue en coche debe revisar las normas de acceso y aparcamiento vigentes, en lugar de entrar directamente por las calles antiguas.
Para una primera visita, reserva tiempo para la catedral y el museo, y después camina el centro con calma, sin dar por hecho que cada palacio abre sus puertas. Una estancia más larga puede sumar los Bottini y el camino rural hacia Borgo Taccone y Monte Serico, siempre que se confirme el acceso y el estado del recorrido. Matera es la excursión regional más evidente; Gravina y Altamura, sobre la misma línea de autobús, permiten explorar el otro lado del límite entre Basilicata y Apulia. Irsina merece atención por ese encuentro entre un casco histórico cargado de arte y un territorio rural donde las fuentes, los senderos y los poblados del siglo XX también forman parte de su patrimonio.
Irsina on film: the old town, its art and the Pizzicantò
This archived Rai programme segment, published by biagiod, is a broader 2008 portrait of Irsina. A contemporary description associates it with cathedral artworks, the Pizzicantò and the Bottini water galleries. It is useful for seeing how the town was presented to a national audience, while its older visitor details should not substitute for current information.
This 34-second clip by Gabriele Di Stasio is devoted to Irsina’s Pizzicantò human-tower tradition. It offers a brief record of a local cultural practice rather than a general sightseeing tour, so it complements the two broader town portraits.