Arosa suele presentarse como una estación alpina, pero hoy el nombre abarca un municipio más amplio y diverso. Desde el 1 de enero de 2013, la comuna política reúne el núcleo turístico de Arosa con Calfreisen, Castiel, Langwies, Lüen, Molinis, St. Peter-Pagig y Peist. Esa diferencia se percibe al recorrer el territorio: el pueblo alto creció ligado al turismo de montaña, mientras que los asentamientos del valle conservan otra escala y una historia agrícola más prolongada. La propia oficina turística describe el Schanfigg como un valle de localidades distintas, no como una sola estación continua.
También conviene indicar con precisión a qué población se refiere cada cifra. El municipio registró 3.181 residentes permanentes al 31 de diciembre de 2024. El promedio mensual de 2024 fue de 3.911 personas al incluir a quienes residían allí por semanas, y el total de fin de año con ese grupo alcanzó 4.505. No son cifras intercambiables ni corresponden solo al núcleo turístico: abarcan el municipio fusionado y muestran cómo varía la población con las estancias temporales. Los datos proceden del informe anual municipal de 2024.
La historia documentada es más precisa que la idea de Arosa como un pueblo antiguo sin matices. “Scanavico”, mencionado en el año 765, designaba la parte exterior del valle de Schanfigg, no el actual núcleo turístico. La zona interior se pobló durante las migraciones medievales de los walser; en 1850 Arosa tenía apenas 56 habitantes y todavía pertenecía políticamente a Davos. La carretera llegó de Coira a Langwies en 1875 y desde Langwies a Arosa en 1890. En 1877 abrió la primera pensión y, en 1888, el médico Otto Herwig estableció un sanatorio. Los visitantes de verano y quienes buscaban reposo dieron forma a la primera etapa turística antes de que los deportes de invierno cobraran protagonismo. La historia publicada por el destino diferencia esos hechos; no justifica atribuir una fundación romana al lugar ni presentar leyendas como datos.
El ferrocarril convirtió esa transformación en una conexión cotidiana. El Rhätische Bahn construyó la línea Coira–Arosa entre 1912 y 1914. El trayecto de 26 kilómetros atraviesa primero las calles de Coira y luego asciende por el valle; el viaducto de Langwies, de 284 metros de largo y 62 de alto, es una de sus obras más notables. La compañía calcula que el viaje actual dura algo menos de una hora, pero es prudente consultar la información de la línea y los horarios vigentes antes de salir. Desde Coira, Arosa sirve tanto para una excursión ferroviaria como para una estancia; el autobús local y los teleféricos ayudan a enlazar los atractivos dispersos.
Para una primera visita, se puede comenzar en la estación y el Obersee, y continuar por los senderos junto al lago y las calles del pueblo, en vez de reducirlo a una base de esquí. El teleférico del Weisshorn acerca a miradores de montaña y al santuario de osos de Arosa, situado en la estación intermedia. Allí viven osos rescatados de condiciones inadecuadas; no se llega en coche, sino en teleférico o a pie y en bicicleta. La página oficial del santuario explica la visita y su labor de rescate. La apertura depende de la temporada, el tiempo y el funcionamiento de los remontes: hay que comprobar los avisos actuales.
En Innerarosa, el museo local ocupa el Eggahuus, una casa de madera fechada hacia 1600. Su colección reúne un telar, un órgano doméstico, esquís y trineos, herramientas, muestras de madera y fotografías; ofrece una mirada cotidiana que complementa la historia de los grandes hoteles. El directorio del museo publica los días de apertura de temporada, que conviene confirmar. Otro día puede dedicarse a bajar en tren hasta Langwies y visitar el entorno del viaducto, o recorrer por carretera las localidades del Schanfigg. La economía invernal de Arosa está muy vinculada al esquí y al área conectada con Lenzerheide; en los meses cálidos toman fuerza las caminatas, la bicicleta, los lagos y las visitas culturales. Más allá del complejo turístico, la agricultura sigue presente: el destino promociona tiendas de productores y alimentos locales, y su estrategia regional aborda conjuntamente el turismo y la producción del valle. Hoteles, restaurantes, comercios, oficina turística, estación ferroviaria, autobús local, museo y teleféricos forman una base práctica para el visitante, aunque los horarios cambian con las estaciones. Arosa se entiende mejor al mirar las dos escalas: la animada estación de montaña y los pueblos de Schanfigg que comparten su nombre municipal.