Solothurn se entiende mejor caminando. La Aare bordea el casco antiguo y, detrás de la ciudad, la cadena del Jura ofrece una salida hacia senderos y miradores. Es capital cantonal, pero conserva una escala cómoda: las calles históricas, los museos, la ribera y los servicios para visitantes se conectan a pie, mientras que el tren permite llegar desde otras ciudades y salir hacia la montaña o el lago. La elegancia barroca no es toda su historia: aquí hubo un paso romano sobre el río, una ciudad medieval con poder propio y una sede diplomática que dejó huella en su arquitectura.
La población exige una precisión útil. El resumen del registro municipal cifra en 16.893 los habitantes de la comuna de Solothurn al 31 de diciembre de 2025. La publicación estadística del cantón, para la misma fecha y el mismo ámbito municipal, registra 16.881. La diferencia es de 12 personas; conviene mantener cada serie junto a su fuente cuando se comparan años, sin confundir la comuna con el área regional, que reúne otros municipios.
La arqueología permite contar los orígenes sin convertirlos en una fecha legendaria. En el lugar existió el vicus Salodurum, una pequeña población romana junto a la Aare. Una excavación de 2024 en Löwengasse encontró un canal de drenaje perteneciente a un sistema construido hacia el año 20 d. C.; otros restos permiten situar calles, edificios y actividad de intercambio cerca de una antigua orilla del río. En junio de 2026, arqueólogos subacuáticos documentaron pilotes de madera de un puente del siglo IV bajo la Aare. La prueba confirma un cruce fluvial que se sospechaba desde hacía tiempo, pero no revela un día exacto de fundación. La historia turística local sitúa la transformación de la población en fortaleza romana alrededor del año 330. Ursus y Víctor pertenecen a la tradición cristiana de la ciudad; la devoción es parte documentada de su identidad, mientras que los detalles legendarios de sus vidas deben distinguirse de la evidencia histórica.
El pasado medieval conecta Solothurn con la política europea. En 1038, el emperador Conrado II hizo coronar aquí a su hijo Enrique III como rey de Borgoña. Tras la muerte del último duque de Zähringen en 1218, la ciudad obtuvo el estatus de ciudad imperial libre y fue ampliando su territorio hasta formar el actual cantón. Ingresó en la Confederación Suiza en 1481. Desde la década de 1530, la alianza suiza con Francia y la residencia del embajador del rey francés enriquecieron a familias locales vinculadas al servicio militar; sus casas y edificios públicos explican buena parte del perfil barroco que hoy se ve en el centro. La llegada del ferrocarril en 1857 impulsó una etapa industrial. Más tarde, la ciudad evolucionó hacia los servicios y la cultura.
Hauptgasse reúne soportales, fuentes, comercios, cafés y restaurantes; desde el paseo de la Aare se contempla la ciudad desde la otra orilla. El número once, presente en edificios y relatos locales, es una marca cívica reconocible y no un enigma sobrenatural. La guía turística explica su presencia en fuentes y monumentos. El ejemplo más claro es la catedral de San Ursus, construida entre 1762 y 1773 según los planos de Gaetano Matteo Pisoni y completada bajo la dirección de su sobrino: tiene tres tramos de once escalones, once altares, once campanas y una torre de 66 metros. El tesoro guarda piezas de orfebrería medieval, gótica y barroca. Hay que evitar las horas de culto y comprobar cuándo se puede acceder a la torre.
Entre los museos, el Altes Zeughaus ocupa un antiguo arsenal que conserva parte de su carácter original. Expone más de 300 armaduras de los siglos XV al XVII, además de armas y muestras temporales. Sus actividades prácticas permiten observar el peso y la construcción de las piezas; los textos están en alemán y francés y hay información inglesa en una tableta. El Naturmuseum acerca la geología, la fauna y la flora de la región. Muestra tortugas fósiles de unos 150 millones de años procedentes de canteras de la ciudad y huellas de dinosaurio halladas en la vecina Lommiswil. El museo indica que sus salas permanentes son accesibles en silla de ruedas y que la entrada es gratuita. El directorio de museos incluye también el Kunstmuseum, el Museum Blumenstein, el castillo de Waldegg y colecciones especializadas; cada institución mantiene horarios distintos.
Para cambiar las fachadas por bosque, desde el centro se camina unos 20–30 minutos hasta la garganta de Verena. El recorrido señalizado hasta la capilla tiene unos dos kilómetros, requiere aproximadamente 50 minutos y salva 40 metros de desnivel. Sigue un arroyo hasta la ermita, la casa del ermitaño y las grutas de María Magdalena y del Monte de los Olivos. En la actualidad vive allí un ermitaño. La capilla de San Martín no está abierta al público, aunque se puede mirar su interior iluminado por una ventana en el horario indicado por la administración. La ruta se considera apta para cochecitos, pero la lluvia puede volver resbaladizo el sendero. La oficina de turismo ofrece mapas y visitas guiadas, incluso recorridos con antorchas.
El viaje al Weissenstein comienza en Oberdorf, estación de la línea S21 desde Solothurn. La línea ferroviaria Solothurn–Moutier volvió a funcionar el 6 de junio de 2026, tras las obras del túnel del Weissenstein. Desde Oberdorf, un teleférico panorámico asciende en unos diez minutos a la cresta, a 1.280 metros. Hay senderos, rutas de invierno y restaurantes; con cielo despejado, la vista alcanza el Mittelland y los Alpes. La excursión depende del tiempo, de la operación del tren y del teleférico, así que hay que comprobar los avisos antes de salir.
La Aare propone otra excursión. Entre mayo y octubre, el barco estacional une Solothurn con Biel/Bienne en algo menos de tres horas; en el trayecto se observan las cigüeñas de Altreu, el casco histórico de Büren an der Aare y la esclusa de Port. La navegación ayuda a comprender cómo el río conectó poblaciones y actividades económicas. La compañía pide revisar el horario en línea poco antes del viaje. También hay trenes directos hacia Berna, Biel y Burgdorf; SBB publica servicios de larga distancia hacia Zúrich y Ginebra. Desde Basilea se puede enlazar por Olten. Comprueba los horarios del día, ya que pueden cambiar por obras.
La página económica municipal describe Solothurn como un centro de servicios y cultura, con alrededor de 500 empresas y 20.000 empleos; son cifras de orientación del portal de la ciudad, no un recuento de todo el distrito. Para organizar la visita, la oficina de turismo está en Hauptgasse 69 y ofrece mapas, alojamientos, visitas, información de museos y salidas regionales. El casco antiguo se recorre a pie; también hay autobuses y aparcamientos cubiertos. Una jornada puede combinar catedral, paseo por las calles y un museo. Para un segundo día, elige la garganta de Verena, el Weissenstein o el barco por la Aare, según la estación. Revisa horarios de apertura, trenes, teleférico y navegación antes de viajar.