Una ciudad entre el lago y la piedra amarilla

Neuchâtel ocupa una ladera soleada sobre el lago que lleva su nombre. El centro antiguo se recorre cómodamente a pie, pero el paisaje urbano cambia a cada paso: las callejuelas suben hacia el castillo y la colegiata, mientras que las calles inferiores se abren al puerto, las playas y los paseos junto al agua. Muchos edificios históricos se construyeron con la caliza amarilla local, llamada piedra de Hauterive, formada a partir de sedimentos marinos antiguos. La ciudad, sin embargo, es más que una imagen bonita: es capital cantonal, sede universitaria y centro comercial activo, además de punto de entrada a los contrafuertes del Jura y a la región de los Tres Lagos.

Al 31 de diciembre de 2025, el municipio registraba 45.455 habitantes. La cifra corresponde a toda la comuna actual, no solo al casco histórico: el 1 de enero de 2021 Neuchâtel se fusionó con Corcelles-Cormondrèche, Peseux y Valangin. El territorio reúne barrios junto al lago, laderas con viñedos, zonas residenciales y el antiguo pueblo medieval de Valangin, cada uno con personalidad propia.

De residencia fortificada a ciudad republicana

La primera mención escrita conocida de Neuchâtel aparece en un documento de abril de 1011: el rey Rodolfo III de Borgoña entregó su residencia real local a su esposa Ermengarda. El nombre aludía al «castillo nuevo», situado en la colina donde se concentró el poder regional. Durante el siglo XIII creció un asentamiento debajo de la fortaleza. En 1214 sus habitantes recibieron una carta de franquicias que reconocía la comunidad urbana y concedía libertades económicas, civiles y judiciales. Es un hito documentado; no hace falta atribuir a la ciudad una fundación legendaria en tiempos remotos.

La trayectoria política de Neuchâtel fue singular. Ingresó en la Confederación Suiza en 1814 y, al mismo tiempo, continuó como principado bajo el rey de Prusia. En 1848, los republicanos tomaron la ciudad y proclamaron la república; la marcha conmemorativa del 1 de marzo mantiene vivo ese episodio en la vida cívica local. La soberanía prusiana terminó en 1857. El castillo sigue alojando al gobierno cantonal, de modo que la colina une patrimonio histórico y administración actual.

Del castillo al mercado y al paseo junto al agua

La visita puede comenzar en la colina del castillo, junto a las antiguas puertas de la ciudad y la colegiata, cuya construcción empezó en el siglo XII. En su interior se conserva el cenotafio monumental de los condes de Neuchâtel. Abajo, las calles peatonales conducen a la Place des Halles y a la Maison des Halles, levantada en la década de 1570 para guardar mercancías valiosas, entre ellas cereales y tejidos. La plaza sigue siendo un lugar de encuentro y los sábados el mercado se extiende por la rue du Seyon. Más abajo, el puerto ofrece vistas del lago, terrazas en los meses cálidos y embarcaderos para excursiones en barco. La ribera continúa hasta Jeunes-Rives, con zonas de baño, césped, duchas y espacios para picnic. La natación no está vigilada; conviene extremar el cuidado con niños y nadadores poco experimentados.

La oferta cultural es amplia para una ciudad de este tamaño. Sus museos municipales incluyen el Museo de Arte e Historia, el Museo de Etnografía y el Museo de Historia Natural. En Hauterive, municipio vecino junto a la orilla, el Laténium combina un museo cantonal de arqueología con un parque arqueológico al aire libre; el parque abre todo el año, mientras que las salas y exposiciones tienen horarios variables. Para conocer otra faceta del pasado se puede recorrer Serrières, donde el río impulsó molinos y talleres antes de que Philippe Suchard instalara allí su fábrica de chocolate en 1826. La empresa transformó el barrio y dio empleo a muchos vecinos; la producción dejó el valle décadas después, pero sus huellas siguen formando parte del paisaje industrial. Neuchâtel también se orientó hacia la precisión, la investigación y la tecnología: en 1967 se desarrolló allí la Beta 21, una de las primeras propuestas de reloj de cuarzo. Durante el otoño de 2026 la ciudad conmemora los 200 años de Suchard; revisa la agenda municipal para conocer las actividades vigentes.

La vida del lago y la subida a Chaumont

En los días cálidos, habitantes y visitantes comparten playas públicas y paseos que forman parte de la vida cotidiana de la ciudad. Los barcos del lago de Neuchâtel enlazan con la red de los Tres Lagos, aunque los servicios cambian según la temporada y hay que revisar las salidas antes de planificar una excursión. Para cambiar de perspectiva, el funicular transN de la línea 111 conecta La Coudre con Chaumont en unos diez minutos. Desde arriba salen senderos y miradores con vistas al lago, los viñedos y los Alpes. Hay opciones cortas y caminatas más largas por el Jura, por lo que conviene adaptar el recorrido al tiempo, al calzado y al estado de los caminos.

Cómo llegar y moverse

Neuchâtel se encuentra en el cruce del ferrocarril del pie del Jura, entre Ginebra y Zúrich, y del eje Berna–La Chaux-de-Fonds. La estación central es un punto práctico para llegar desde Lausana, Biel/Bienne, Berna y otras ciudades suizas; consulta el horario en directo para escoger la conexión. En la red local funcionan autobuses, el Littorail, funiculares y trenes cantonales, con líneas que acercan al lago y a los distintos barrios. Valangin también forma parte del municipio y se alcanza en autobús desde el centro. Comercios, restaurantes, hoteles, universidad y museos hacen de la ciudad una base cómoda. Reserva al menos un día para el casco antiguo y la ribera, y añade un museo, Serrières o la montaña según la estación.

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