La Chaux-de-Fonds se extiende a unos mil metros de altitud, en las montañas del Jura suizo. Su trazado cuenta una historia de trabajo y reconstrucción, no solo de fachadas. El recuento municipal registró 37.844 habitantes al 31 de diciembre de 2025. Para quien llega, la ciudad no es un decorado de relojes: la relojería condicionó sus calles, la convivencia entre vivienda y taller, y la manera en que se levantó de nuevo después de un incendio.
El municipio sitúa el origen del asentamiento hacia 1350, con la llegada de campesinos procedentes del Val-de-Ruz. A finales del siglo XVIII, el pueblo rondaba los 4.000 habitantes y la relojería ya sostenía buena parte de la actividad local. Un incendio accidental en 1794 arrasó gran parte de la zona edificada en torno a la actual Place de l’Hôtel-de-Ville. El fuego no creó la industria relojera, pero sí cambió el mapa urbano. En las décadas siguientes, el ingeniero Charles-Henri Junod diseñó un trazado ordenado que facilitaba luz, ventilación, movimiento y producción. La historia municipal señala que ese plan ortogonal entró en vigor en 1841.
La mejor manera de leerlo es caminando. Las calles largas y rectas atraviesan el valle en vez de concentrarse alrededor de un único núcleo medieval. Viviendas, antiguos talleres, casas de empresarios y fábricas posteriores forman una misma trama. La Chaux-de-Fonds y la vecina Le Locle fueron inscritas juntas en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2009 como ejemplo de urbanismo ligado a la relojería. El reconocimiento explica la relación entre industria y forma urbana en ambas localidades; no convierte cada edificio en un museo. La relojería sigue viva, aunque las fuentes consultadas no ofrecen una cifra actual de empleo desglosada por sectores.
Desde la estación se puede avanzar hacia el centro y observar detalles de una ciudad productiva: ventanas amplias, antiguos espacios de trabajo en pisos superiores y edificios pensados para unir vida doméstica y labores de precisión. La guía peatonal de la ciudad propone un recorrido de unos 45 minutos por el corazón histórico y otro de aproximadamente dos horas dedicado a la arquitectura, hasta la Villa turque de Le Corbusier. También describe el acceso público gratuito al mirador del piso 14 de la torre Espacité, desde donde se aprecia la cuadrícula urbana. Comprueba que el acceso esté abierto y respeta que las escaleras e interiores señalados en la guía son propiedad privada.
A pocos minutos a pie de la estación, el Museo Internacional de Relojería amplía el relato. Su colección recorre la medición del tiempo desde los relojes solares hasta los modernos, e incluye herramientas, máquinas, autómatas y objetos que muestran cómo se cruzaron técnica, diseño y comercio. El museo publica actualmente horario de martes a domingo, de 10:00 a 17:00, y cierre los lunes. Las vitrinas explican los mecanismos y las calles revelan el entorno social y arquitectónico que los sostuvo.
La arquitectura permite seguir la historia más allá de las fábricas. Charles-Édouard Jeanneret, conocido después como Le Corbusier, nació aquí en 1887. La Maison Blanche o Villa Jeanneret-Perret fue construida para sus padres en 1912; su asociación la presenta como su primer encargo independiente. Los visitantes individuales no necesitan reservar. El horario estacional vigente es de viernes a domingo entre octubre y mayo, y de viernes a lunes entre junio y septiembre, de 10:00 a 17:00. Antes, en 1906, la Villa Fallet vinculó a Jeanneret y al arquitecto René Chapallaz con una corriente regional del Art Nouveau llamada más tarde “Style sapin”, cuyos motivos se inspiraban en la naturaleza local. La guía municipal indica que la villa se contempla desde el exterior; prevé esa visita exterior salvo que se confirme otro acceso.
El Parc des Musées reúne el Museo Internacional de Relojería, el Museo de Historia y el Museo de Bellas Artes. Teatros, cines y actividades públicas muestran una vida cultural actual que suele quedar oculta bajo la etiqueta industrial. La estación sirve como base para recorrer a pie el centro y los museos, y también para seguir hacia Le Locle: los Ferrocarriles Federales Suizos calculan unos 27 minutos desde Neuchâtel hasta La Chaux-de-Fonds y 9 minutos más hasta Le Locle. Antes de salir, comprueba horarios ferroviarios y de museos, así como las condiciones de acceso; en invierno, el clima de la meseta del Jura puede cambiar con rapidez.