Biarritz se suele resumir en una playa y una tabla de surf, pero su litoral cuenta una historia bastante más larga. Una ensenada protegida sostuvo la pesca y la caza de ballenas; los baños de mar del siglo XIX atrajeron a una corte imperial y a quienes levantaron villas frente al océano; después de la guerra, el surf dio a la costa una identidad deportiva nueva. Hoy, junto al Atlántico, sigue funcionando una ciudad con mercados, centros educativos, servicios sanitarios y transporte público.
El municipio tenía 26.206 habitantes municipales en el censo de 2023 y una población total de referencia de 26.879, incluidos 673 residentes contabilizados aparte. Las cifras entraron en vigor el 1 de enero de 2026 y corresponden al término municipal, no a toda el área de Bayona-Anglet-Biarritz. A finales de 2024, el INSEE registró 2.067 establecimientos empleadores y 11.729 puestos asalariados. El comercio, el transporte y otros servicios reunían el 67,9 % de esos empleos; la administración, la educación, la salud y la acción social, el 23,3 %. Esta fotografía estadística habla de una economía de servicios, aunque no separa el turismo como cifra autónoma.
De ensenada pesquera a estación balnearia
El diagnóstico patrimonial de la ciudad describe los orígenes alrededor de la cala que hoy se llama Port-Vieux: un pequeño puerto de pescadores y labradores, algunos dedicados a la ballena. Una página histórica municipal sitúa allí la caza de ballenas hacia el año mil y llama a la ensenada Port du Hart en el siglo XIII. Es el relato patrimonial local sobre su pasado marítimo, no una prueba de fundación romana ni una fecha exacta de nacimiento de la ciudad. El abrigo natural, entre promontorios y rocas, ayuda a entender por qué las embarcaciones podían vararse en esa playa.
Los baños de mar cambiaron gradualmente el rumbo del lugar. La historia oficial de Destination Biarritz recuerda la visita de Victor Hugo en 1843 y el regreso de Eugenia de Montijo y Napoleón III en 1854. El emperador mandó construir para su esposa la residencia estival Villa Eugénie; la pareja volvió en distintos veranos hasta 1868. Con ellos llegaron visitantes de las cortes europeas, hoteles, villas y paseos. La antigua residencia imperial, hoy Hôtel du Palais, todavía domina la Grande Plage. En las calles cercanas conviven edificios suntuosos y construcciones de escala más cotidiana: Biarritz no es un decorado de una sola época.
El faro de la punta de Saint-Martin, levantado entre 1830 y 1834 según la documentación municipal, es a la vez una ayuda a la navegación y una referencia visual. Frente al antiguo puerto se alza el Rocher de la Vierge, antes llamado Cucurlong. Allí se instaló una estatua en 1865; el paso que había comenzado como parte del proyecto imperial de un puerto de refugio terminó convertido en un mirador sobre el mar, como cuenta la página municipal sobre el roquedo. Cerca, el Port des Pêcheurs conserva sus pequeñas crampottes, casetas de pescadores agrupadas hoy entre cafés y restaurantes. Su escala humilde recuerda el trabajo del puerto bajo los grandes hoteles de la ciudad balnearia.
Seis playas y un océano que cambia
Las seis playas de Biarritz tienen caracteres distintos. La Grande Plage ocupa el centro, entre el Hôtel du Palais y Bellevue, con comercios, cafés y restaurantes cerca. Port-Vieux es una cala más resguardada; la historia municipal sitúa allí a los primeros bañistas en el siglo XVIII. Más al sur, la Côte des Basques se abre junto a los acantilados y permite ver los Pirineos cuando el tiempo acompaña. Marbella y Milady alargan el recorrido costero más allá de las vistas más conocidas. Se pueden enlazar varias zonas caminando, pero las escaleras, la marea, los acantilados y los cierres temporales condicionan el paseo: no todo el frente marítimo es llano ni siempre transitable.
El surf pertenece a una etapa mucho más reciente. Destination Biarritz sitúa los primeros ensayos en 1956, durante el rodaje de Fiesta —adaptación de The Sun Also Rises—, cuando el guionista californiano Peter Viertel probó las olas atlánticas. En 1957 volvió con tablas y animó a pioneros locales; en septiembre de 1959 se creó el Waikiki Surf Club. La Côte des Basques quedó asociada a los inicios del surf francés, no al origen mundial de este deporte. Hoy hay escuelas en varias playas, aunque las zonas habilitadas cambian según el oleaje y las mareas. La información municipal de la Grande Plage actualiza vigilancia, banderas y calidad del agua; fuera de los periodos oficiales de socorrismo, advierte que bañarse es peligroso.
El Aquarium, en un edificio art déco frente al Rocher de la Vierge, conecta la visita con la historia pesquera mediante objetos de pesca tradicional, piezas sobre cetáceos y contenidos sobre la caza de ballenas. La Cité de l’Océan, próxima a Milady, propone explorar los ecosistemas marinos de forma interactiva. El Museo Histórico ocupa la antigua iglesia anglicana de St Andrew’s. La selección municipal de museos describe estos espacios; hay que confirmar horarios y exposiciones directamente antes de ir.
Mercados, servicios y cómo organizar la visita
Las Halles cubiertas siguen siendo parte de la vida diaria, no solo una parada para turistas. La ciudad publica un horario habitual de 7:30 a 14:00 todos los días; los sábados por la mañana se instala además un mercado de productores en el exterior. Saint-Martin tiene mercado alimentario los miércoles y Saint-Charles los viernes; en temporada aparecen mercados de creadores y citas nocturnas en otros barrios. Conviene revisar la agenda municipal de mercados si se viaja por un evento concreto.
En su inventario de equipamientos de 2024, el INSEE cuenta 43 panaderías, 34 tiendas de alimentación, 52 médicos generalistas y 19 farmacias. Registra también nueve escuelas primarias, tres collèges, cuatro lycées y una biblioteca. Son recuentos estadísticos con fecha, no una guía de apertura en tiempo real, pero muestran la cantidad de servicios que la ciudad ofrece a sus residentes. El contexto lingüístico también forma parte de Biarritz: las fuentes administrativas y de transporte consultadas aquí están en francés, mientras la propia ciudad mantiene una política pública en favor del euskera. El 8 % de hablantes de euskera que indica la página municipal corresponde al conjunto Bayona-Anglet-Biarritz, no solo a Biarritz.
La estación ferroviaria conecta con el corredor atlántico. El panel en vivo de SNCF muestra servicios hacia Bayona, Burdeos, Hendaya y Dax, con horarios que dependen del día. El planificador de TXIK TXAK reúne autobuses entre la estación, Bayona Place des Basques y los barrios de la costa; las líneas, desvíos y frecuencias pueden cambiar. Antes de salir, comprueba ambos planificadores. Para moverse entre la estación y el centro se puede usar el autobús o el taxi; una vez en la zona marítima, el puerto antiguo, la Grande Plage y varios edificios patrimoniales se pueden combinar en un recorrido a pie.
Biarritz recompensa a quien mira más allá del cartel de surf. En un tramo corto de costa se superponen memoria ballenera, estación balnearia decimonónica, cultura surf, museos, mercados de barrio y servicios urbanos. El océano aporta el espectáculo; la convivencia entre ensenada, acantilado, mercado y villa es lo que permite entender la ciudad como un lugar vivido, no como una simple parada de playa.