Laufenburg se entiende mejor desde el centro del Rin. Desde el puente antiguo, una orilla pertenece a Alemania y la otra a Suiza; los tejados se miran a través del río como si una misma calle se hubiera abierto en dos. Hoy son municipios distintos. Esta guía se refiere a Laufenburg (Baden), en Alemania, que tenía 9.518 habitantes en septiembre de 2025, y no a su localidad hermana del cantón suizo de Argovia. Además, el municipio alemán se extiende más allá del casco junto al agua e incluye ocho barrios que ascienden desde el valle hacia el Hotzenwald. La frontera, la transformación industrial y la vida de esos pueblos integrados explican por qué el lugar ofrece mucho más que una postal. Los datos municipales precisan la cifra de habitantes y la superficie; la página turística resume la experiencia de “dos países, una ciudad”.
Un desfiladero, un puente y una ciudad partida
El Rin aquí no es un telón tranquilo. En el paso estrecho entre la Selva Negra y el Jura tabular, el río atraviesa una cresta de gneis rojo. La historia municipal relaciona el nombre Laufenburg con los rápidos llamados “Louffen”, es decir, aguas que corren. El estrechamiento hizo del cruce un punto estratégico: embarcaciones, mercancías y viajeros debían superar una corriente difícil. El asentamiento aparece documentado en 1173 y, en 1207, una carta menciona la ciudad fortificada y su puente sobre el Rin. Los condes de Habsburgo desarrollaron ese enclave, cuyo puente comunicó ambas orillas durante siglos. Es una historia medieval documentada; no prueba que la ciudad se fundara en época romana, griega o fenicia. La historia municipal distingue esos registros de las interpretaciones posteriores.
La ruptura decisiva llegó en 1801, cuando el acuerdo de Lunéville bajo la influencia de Napoleón dividió la antigua ciudad. La orilla derecha quedó en Baden y hoy es alemana; la izquierda pasó al cantón suizo de Argovia. La frontera se impuso sobre una comunidad cuyos mercados, vínculos religiosos y puente habían funcionado a ambos lados del río. El municipio alemán se llamó inicialmente Kleinlaufenburg y adoptó el nombre de Laufenburg (Baden) el 1 de noviembre de 1930. La separación política es real, pero el paisaje histórico sigue dialogando: recorrer ambos cascos permite ver cómo un tratado puede dividir un lugar sin borrar su geografía compartida.
Una frontera que se cruza a pie
El puente Laufenbrücke es el centro natural de una visita. En este punto ya se documentaba un paso sobre el Rin en 1207, aunque los puentes anteriores fueron de madera. El actual se construyó entre 1908 y 1914, durante el desarrollo de la central hidroeléctrica, y fue diseñado por el ingeniero suizo Robert Maillart. Su hormigón temprano y sus líneas limpias contrastan con las callejuelas antiguas. El puente llevó el tráfico internacional hasta que se abrió en 2004 el Hochrheinbrücke, aproximadamente un kilómetro río arriba. Hoy la Laufenbrücke está reservada a peatones y bicicletas. Desde allí se pueden recorrer las dos orillas: en la parte suiza, el casco sube hacia la colina del castillo; en la alemana, las calles y miradores acompañan al río. La página municipal sobre el puente y los dos centros históricos muestra cómo transporte, energía y forma urbana cambiaron a la vez.
En el lado suizo, las ruinas del castillo y el Schlossberg dominan el panorama. La fortaleza se menciona en 1207 y fue sede de los condes de Habsburgo-Laufenburg. Quedó muy dañada durante la Guerra de los Treinta Años; más tarde se reutilizó buena parte de su piedra y el torreón conservado, junto con el espacio público recuperado, se convirtió en mirador de las dos ciudades. En la orilla alemana, el Schlössle comenzó como residencia de verano y fue transformado a finales del siglo XIX por la familia Codman, procedente de Estados Unidos. La ciudad atribuye a Mary Codman iniciativas culturales y sociales, entre ellas la creación del primer jardín de infancia local. Hoy el edificio alberga espacios culturales y de restauración. Para otra vista amplia, la oficina turística recomienda el mirador Hans-Thoma, junto a la iglesia evangélica, y la plataforma cercana al Schlössle. Conviene comprobar el acceso si se planea visitar interiores.
Ocho barrios entre el río y las alturas
Laufenburg (Baden) no termina en el paseo fluvial. El municipio ocupa 2.357 hectáreas y se eleva desde unos 300 hasta 750 metros sobre el nivel del mar. Binzgen, Grunholz, Hauenstein, Hochsal, Luttingen, Rhina, Rotzel y Stadenhausen se incorporaron en distintos momentos y aportaron historias y paisajes propios. Algunos se sitúan cerca del Rin; otros miran hacia el Hotzenwald. Luttingen aparece en el Codex de Lorsch en el año 788. Rotzel, en la cota más alta del municipio, da a la localidad un carácter de montaña baja. En Stadenhausen, el ayuntamiento destaca un microclima favorable para el cultivo de fruta. La página oficial de los barrios de Laufenburg permite organizar una salida más allá del centro ribereño.
Rhina ilustra por qué es importante contar la historia con precisión. El municipio identifica en Obere Sitt los restos de una villa romana ocupada aproximadamente entre los años 80 y 260. Es una evidencia arqueológica notable dentro del término actual, pero no significa que la ciudad medieval de Laufenburg tuviera origen romano. Hauenstein ofrece otra corrección interesante: recibió privilegios urbanos en 1317 y durante un tiempo se promocionó como la ciudad más pequeña de Alemania, pero el propio ayuntamiento explica que nunca tuvo murallas ni jurisdicción propia, elementos que definirían una ciudad en sentido pleno. Estos matices dan riqueza a la visita porque sustituyen los mitos generales por una historia concreta, diversa y verificable.
Una economía transformada por el río
Durante generaciones, los rápidos fueron a la vez recurso y obstáculo. La pesca, el salmón, el transporte fluvial y las balsas dieron trabajo a la ribera; los llamados Laufenknechte guiaban embarcaciones por aguas peligrosas. La central hidroeléctrica construida a comienzos del siglo XX cambió el curso económico y el aspecto del cruce. El ferrocarril llegó en 1853–1856 y la industria creció mientras retrocedían los antiguos oficios del río. En la actualidad, la ciudad describe una economía de pequeñas y medianas empresas, con producción en ingeniería mecánica, plásticos y caucho, química, textiles y madera, junto con comercio minorista, salud, servicios empresariales y hostelería. Entre las firmas de mayor tamaño menciona H.C. Starck, Schluchseewerk y Rüde-Gruppe. Los datos municipales contabilizan 2.865 empleos sujetos a cotización social en 2024: se trata de puestos de trabajo localizados en la ciudad, no de habitantes. La descripción económica del ayuntamiento también señala el centro comercial Laufenpark, cuya posición fronteriza atrae compras y servicios de ambas orillas.
Paseos, bicicleta y baño
La excursión más característica es la Laufenburger ACHT, un sendero circular transfronterizo pensado para recorrer a pie en familia. La página turística actual indica unos 6,6 kilómetros, tres cruces del Rin y estaciones para aprender sobre historia, geología, naturaleza y fauna. Combina caminos naturales con escaleras y puentes colgantes; está prohibido recorrerlo en bicicleta y no es completamente accesible sin escalones. En el acceso alemán a la Laufenbrücke hay una escalera pronunciada, con una alternativa por el casco antiguo y Andelsbachstraße. Las obras o restricciones pueden afectar alguno de los cruces: revisa los avisos vigentes y lleva agua y algo de comida. La forma de ocho resume la experiencia: cruzar varias veces una frontera internacional sin abandonar el asentamiento histórico compartido.
Para un paseo más tranquilo, los caminos a lo largo del río son relativamente llanos; hacia el Hotzenwald las rutas ganan altura y se abren al paisaje de la Selva Negra. Quienes pedalean pueden enlazar con la ruta ciclista del Rin y con la ruta del sur de la Selva Negra, de 264 kilómetros. La oficina turística también describe circuitos breves y una ruta de los Tres Parques, de 217 kilómetros, por la Selva Negra meridional, el Jurapark Argovia y el parque natural regional de Schaffhausen. La Laufenburger ACHT es exclusivamente peatonal, así que conviene elegir vías ciclistas señalizadas. En la ciudad se ofrece alquiler, carga y reparación de bicicletas eléctricas. En verano, el Gartenstrandbad alemán cuenta con piscinas climatizadas, tobogán ancho, trampolines, piscina infantil, zonas verdes y quiosco. Es una instalación de temporada: confirma horarios y cierres por clima en la página municipal de baño.
Museos pequeños y tradiciones locales
La cultura local suele requerir algo de planificación. En la orilla alemana, el Heimatmuseum Mariagrün ocupa un antiguo molino y funciona como sala gremial de la Narro-Altfischerzunft, una cofradía carnavalesca surgida de un gremio medieval. Conserva máscaras y trajes históricos; entre sus piezas destaca una máscara de madera que la cofradía considera la más antigua del sur de Alemania. Las visitas guiadas se conciertan, no son una propuesta de entrada libre diaria. En la orilla suiza, el Rehmann Museum se dedica al arte tridimensional contemporáneo y a la obra del escultor Erwin Rehmann; el Sprachpanorama explora dialectos, idiomas del mundo, historia de la lengua alemana y lectura. El Museum Schiff está cerrado por renovación y su reapertura se prevé para la primavera de 2027; mientras tanto se presentan retrospectivas en distintos lugares de la región. La guía turística de museos mantiene esta información al día.
El calendario anual mantiene activas las dos orillas: la ciudad enumera el carnaval al final del invierno, las semanas del salmón en primavera, el evento slowUp durante el tercer fin de semana de junio, las jornadas culturales “Fließende Grenzen” en las dos primeras semanas de agosto, una noche cultural en septiembre, el mercado de la manzana y las semanas de los Habsburgo en octubre, y el mercado navideño en diciembre. Las fechas y los formatos pueden variar, así que son referencias de temporada, no una agenda garantizada. Hay dos oficinas de turismo, una en cada país, con mapas, recorridos y orientación práctica. Un autobús urbano conecta los barrios alemanes; Laufenpark, alojamientos, restaurantes y el paseo fluvial facilitan una estancia de más de un día. El municipio también informa de plazas para autocaravanas junto a Andelsbach, cerca del casco histórico; confirma disponibilidad y servicios antes de contar con ellas.
Cómo llegar y organizar la visita
En tren hay que elegir bien el lado de la frontera. El municipio alemán identifica dos paradas: Laufenburg (Baden) y Laufenburg (Baden)-Ost; ambas reciben trenes regionales y la estación oriental también figura como parada del Interregio-Express en el corredor Basel Badischer Bahnhof–Schaffhausen–Singen. En la orilla suiza, la estación SBB de Laufenburg tiene, según la ciudad, un servicio cada hora a Basel SBB. Desde cualquiera de las dos estaciones se puede cruzar a pie entre los cascos históricos. En coche, la ciudad señala la A98 y L151a para la parte alemana y la N3/Eiken para el acceso suizo; el tráfico motorizado utiliza el puente alto del Rin. El autobús urbano conecta los barrios alemanes. Revisa estación, horarios del día, obras y condiciones de billetes transfronterizos en Deutsche Bahn o SBB; las conexiones pueden cambiar.
Un primer día puede concentrarse junto al agua: recorrer el casco alemán, cruzar la Laufenbrücke, subir al castillo del lado suizo y volver para conocer el Schlössle y descansar frente al río. Un segundo permite hacer la Laufenburger ACHT o tomar una ruta ciclista distinta hacia las alturas. Si interesan los barrios y no solo el puente, reserva tiempo para Rhina, Luttingen o Rotzel. Añade un museo después de confirmar si exige cita y si está abierto. El valor de Laufenburg no depende de un único monumento: está en cómo el puente, la central, las calles antiguas y los barrios interiores cuentan capítulos diferentes de una misma comunidad del Rin, hoy repartida entre dos países.