Ettlingen creció junto a un cruce del río y una ruta que se adentra en el norte de la Selva Negra. El Alb atraviesa el centro; en pocos minutos se pasa de fuentes y calles antiguas a las orillas arboladas, y el tranvía permite continuar por el valle. El municipio tenía 39.138 habitantes el 30 de junio de 2026, según la tabla de población de la ciudad: 23.495 en el núcleo central y el resto en seis barrios exteriores, Bruchhausen, Ettlingenweier, Oberweier, Schluttenbach, Schöllbronn y Spessart. Tres sectores internos están incluidos en la cifra del centro. Es una ciudad pequeña con escuelas, comercios, servicios, restaurantes y vida cultural propios, no solo un suburbio de Karlsruhe. Su atractivo reside en poder combinar un casco histórico accesible con un corredor natural que empieza a pocos pasos. La tabla municipal de población fija la fecha y el ámbito; la página de datos estadísticos añade superficie y otros indicadores.

El casco antiguo puede recorrerse siguiendo un itinerario histórico de 26 paradas. En cada una hay paneles con explicaciones en alemán, inglés y francés, por lo que el visitante puede entender la secuencia sin depender necesariamente de una visita guiada. El paseo une el palacio con la plaza del mercado, el ayuntamiento, iglesias, fuentes y el río, antes de seguir al norte hacia la torre Lauerturm y los restos de la muralla. Conviene mirar también hacia arriba: la torre del ayuntamiento fue una puerta medieval, mientras los puentes y muros junto al Alb recuerdan la relación entre el agua, los molinos y la ciudad. La ciudad proporciona gratuitamente un folleto del recorrido histórico en la oficina de turismo; también describe rutas propias en Bruchhausen y Ettlingenweier.

Una de las visitas más interesantes está bajo la iglesia de San Martín. Entre los siglos I y III de nuestra era, los romanos establecieron en la zona de Ettlingen un vicus, un pequeño asentamiento con mercado, taberna, alfarería y baños. Bajo la iglesia se conservan partes de unas termas construidas alrededor del año 200, accesibles como yacimiento arqueológico. En el museo municipal se exponen piedras votivas, herramientas, recipientes y monedas. Estas pruebas documentan presencia romana en el valle del Alb; no significan que la ciudad actual se fundara como colonia romana ni que exista continuidad urbana desde la Antigüedad. San Martín está entre los edificios más antiguos de Ettlingen y conserva elementos medievales pese a los daños del incendio de 1689. La página municipal de San Martín explica las ruinas, y la cronología local sitúa el asentamiento romano en su contexto.

La historia escrita comienza después. Ettlingen aparece como “Ediningom” en un documento de donación del año 788 vinculado al monasterio de Wissembourg. En 965, Otón el Grande concedió al asentamiento derechos de mercado, reforzando su papel como centro local. La ciudad considera probable que Enrique VI le otorgara derechos urbanos en 1192, pero no se conserva el documento y el acto se deduce de referencias indirectas. La precisión importa: una vidriera del ayuntamiento representa al emperador entregando una carta, pero el propio municipio advierte que la escena no está documentada como hecho histórico. La cronología continúa con los margraves de Baden, la producción y las guerras. En 1462, el margrave Jakob I fundó en Ettlingen lo que la ciudad describe como la primera fábrica de papel de Baden, en el lugar de la actual Buhlsche Mühle. En 1689, tropas francesas destruyeron la ciudad durante la Guerra de Sucesión del Palatinado; el centro se reconstruyó en las décadas siguientes. La cronología oficial y la historia del ayuntamiento permiten separar datos documentados de imágenes cívicas posteriores.

El palacio es el gran punto de referencia visual y el principal escenario cultural de Ettlingen. Sus orígenes se remontan a un castillo medieval, ampliado bajo los margraves de Baden; el conjunto actual muestra las transformaciones barrocas y la corte de la margravina Sibylla Augusta. La sala Asam destaca por el fresco del techo de Cosmas Damian Asam, cuya obra vincula también la antigua capilla palaciega con el arte barroco de la región. El palacio no conserva una sola época intacta: cambió de uso y de interiores tras la muerte de Sibylla Augusta, cuando Baden-Baden pasó a la línea de Karlsruhe en 1771 y, más tarde, al instalarse una escuela militar en 1870. La ciudad lo adquirió en 1912. Hoy alberga el Museo Ettlingen y acoge conciertos, representaciones y reuniones. La página municipal sobre el palacio relata sus transformaciones; el museo describe las colecciones y las exposiciones actuales.

Vale la pena reservar tiempo para el museo, en vez de verlo como una alternativa breve para un día lluvioso. Ocupa unos 1.800 metros cuadrados en el palacio histórico y combina historia urbana y del castillo con arqueología, objetos regionales, galería municipal y exposiciones temporales. La nueva muestra “Zeitsprung: Römer” ofrece una puerta interactiva para acercarse a los hallazgos romanos. El museo también organiza visitas temáticas, jornadas y actividades educativas para distintas edades. Desde el 2 de septiembre de 2026 su horario anunciado es de miércoles a domingo, de 11:00 a 18:00, pero los horarios y las exposiciones pueden cambiar. La sala Asam puede cerrarse durante eventos y se visita como parte de una visita guiada al palacio; conviene confirmarlo si es el motivo principal del viaje. La página de información para visitantes reúne acceso, tarifas y transporte actuales.

Otros monumentos muestran una historia de destrucción y reconstrucción. El ayuntamiento barroco, terminado en 1738 después de la devastación de 1689, domina la plaza del mercado. Su torre comenzó como parte de la puerta medieval; en el siglo XVIII recibió su cuerpo octogonal, reloj y cubierta barroca. Cerca está la fuente de San Jorge de 1494, cuya figura expuesta a la intemperie se sustituyó por una copia: la original se conserva en el museo. Al norte del Alb, el Lauerturm señala un barrio donde trabajaban curtidores, tintoreros y carpinteros. Su nombre se relaciona con “Lauer”, el curtidor que usaba el líquido para tratar las pieles. Es la última torre conservada de la muralla norte y hoy permite caminar por un tramo restaurado del adarve medieval, con vistas breves sobre la antigua línea defensiva. La página del Lauerturm explica la construcción y la historia artesanal del barrio.

La vida cultural no se limita a las colecciones. Cada verano, los Schlossfestspiele llevan teatro profesional, teatro musical y funciones familiares al patio del palacio, con una cubierta que protege las representaciones de la lluvia. El Marktfest convierte el centro histórico en lugar de encuentro para asociaciones, restaurantes, música y puestos de artesanía; las ciudades hermanadas presentan productos y sabores en el patio del castillo. Las celebraciones muestran que el casco antiguo sigue funcionando como espacio cívico y no es únicamente un decorado patrimonial. El programa anual cambia, y algunas actividades requieren entrada o planificación, así que es mejor consultar el calendario actual en vez de apoyarse en fechas de años anteriores. Las páginas de los Schlossfestspiele y el Marktfest publican la programación vigente.

Las Ettlinger Linien permiten leer otro capítulo al aire libre. Estas defensas de tierra se construyeron en 1707, durante la Guerra de Sucesión española, para frenar el avance de las tropas francesas al este del Rin. Se reforzaron durante la Guerra de Sucesión polaca. El sistema se extendía desde el Rin hacia la Selva Negra y se conectaba con otras líneas; hoy quedan fragmentos después de siglos de cultivo, obras y erosión. Un sendero señalizado y paneles interpretativos ayudan a reconocer zanjas, terraplenes y la lógica de la posición militar. No se trata de una muralla continua conservada, sino de restos integrados en el paisaje. La guía municipal de las Ettlinger Linien indica qué tramos se pueden localizar y recorrer.

Para acercarse a la naturaleza, basta con seguir el Alb hacia el sur. En Ettlingen comienza el corredor que se estrecha rumbo a la Selva Negra y conduce hacia Waldbronn, Marxzell, las ruinas del monasterio de Frauenalb y Bad Herrenalb. La región ofrece caminos señalizados, rutas ciclistas y recorridos geológicos de distintas longitudes y dificultad. Algunos sirven para una excursión relajada de medio día; el Albtal Adventure Track es mucho más áspero, con pasos angostos, árboles caídos y terreno irregular, y debe entenderse como una salida exigente, no como un paseo familiar. De forma ocasional circulan trenes de vapor históricos por la Albtalbahn, pero son viajes especiales, no el servicio regular. Las páginas sobre el valle del Alb y los trenes históricos diferencian esas opciones.

Ettlingen también es una ciudad de trabajo. La oficina municipal de desarrollo económico habla de una mezcla de empresas internacionales, pymes tecnológicas, iniciativas emergentes y oficios tradicionales. En su foro económico, la ciudad informa que el campus de Bruker en Ettlingen emplea a más de 1.000 personas y es la sede más grande de la compañía en el mundo. En el centro siguen presentes el comercio, los cafés, los restaurantes y servicios cotidianos; el municipio ha creado ayudas para atraer nuevas actividades a locales vacíos y mantener la oferta del casco urbano. Estos elementos explican que haya una programación y servicios para quienes viven allí, además de atractivos para una excursión. Las páginas municipales de desarrollo económico y del foro empresarial aportan el contexto actual.

La conexión en tren es sencilla, aunque conviene consultar el estado del servicio. Las líneas S1 y S11 enlazan Ettlingen con Karlsruhe y tienen paradas como Ettlingen Stadt y Erbprinz/Schloss, próximas al casco antiguo y al palacio. Desde allí, la Albtalbahn sigue hacia Bad Herrenalb por Waldbronn-Busenbach, Etzenrot, Marxzell y Frauenalb-Schielberg. Los autobuses locales conectan los barrios exteriores. La ciudad está cerca de las autopistas A5 y A8 y dispone de aparcamientos señalizados en torno al centro. Obras, desvíos temporales y cancelaciones pueden alterar los trayectos; consulta el planificador KVV para la fecha del viaje y confirma el último regreso si continúas por el valle. La página municipal de cómo llegar y aparcar y el planificador KVV sirven para organizarlo.

Una primera visita puede combinar las termas romanas y San Martín, las 26 estaciones del recorrido histórico y una pausa larga en el palacio para conocer el museo y la sala Asam. Otro día permite seguir el río o buscar restos de las líneas defensivas. La oficina de turismo, en Erwin-Vetter-Platz 2, facilita mapas, folletos, orientación de rutas y datos de eventos; sus horarios varían según la temporada. La importancia de Ettlingen no depende de ocultar una ciudad romana completa ni de afirmar que el casco medieval quedó intacto. Cada época dejó una huella distinta: unos baños debajo de una iglesia, una puerta convertida en torre del ayuntamiento, una corte barroca dentro de una trama más antigua, vestigios industriales junto al río y una línea de tranvía que todavía conduce hacia la Selva Negra. La página de visitas guiadas y la guía del Albtal del KVV ayudan a transformar esas capas en una estancia práctica.