Citerna se alza sobre una loma de la Alta Valle del Tíber, cerca del límite entre Umbría y Toscana. Sus calles miran a colinas cultivadas y a la llanura del valle, pero una de sus singularidades no se ve desde arriba: bajo el pueblo medieval hay salas abovedadas, pasadizos y cisternas que forman una segunda capa de la población. Istat estimó 3.383 residentes en el municipio completo al 1 de enero de 2026. El total incluye las localidades periféricas, especialmente Pistrino, y no solo el núcleo de la colina. El italiano es la lengua oficial y predominante en la comunicación escrita del ayuntamiento y de los servicios turísticos, por lo que esta es la versión local de la guía.

Una frontera histórica, sin inventar una fecha de fundación

Las fuentes turísticas regionales sitúan los orígenes de Citerna en el mundo umbro-etrusco, pero no fijan una fecha concreta de fundación. La historia mejor delimitada comienza en la Edad Media: en 1221 Citerna se sometió a Città di Castello para protegerse de las comunas vecinas y siguió ligada a los avatares de aquella ciudad hasta incorporarse a los Estados Pontificios en 1463. La información turística local también registra un breve periodo de autonomía comunal entre 1231 y 1232. La frontera era más que una línea administrativa: Fighille, una de las poblaciones del municipio, tuvo una aduana histórica entre el territorio toscano y el pontificio, mientras la elevación de Citerna controlaba una ruta por la Alta Valle del Tíber.

Las murallas y las puertas conservan esa función defensiva. Citerna Turismo sitúa el primer recinto en el siglo XI y señala ampliaciones entre finales del XII y comienzos del XIII. Porta Romana, al sur, y Porta Fiorentina, al norte, todavía ayudan a comprender los accesos al pueblo antiguo. Más tarde, distintas familias nobles transformaron el centro, aunque el trazado defensivo sigue orientando el paseo. Desde la terraza panorámica de Piazza Scipione Scipioni se domina el valle; cerca está la torre cívica, que conserva un reloj mecánico de madera del siglo XV, una pieza de historia municipal que puede pasar inadvertida si la visita se limita a la foto del mirador.

El paseo de ronda y los espacios bajo las calles

Un arco estrecho cerca del Palazzo Prosperi-Vitelli conduce al camino medieval que recorre el interior de las murallas. Las aberturas arqueadas y las vigas de madera crean una sucesión de logias, con tramos protegidos y vistas hacia el exterior. El recorrido permite entender la función práctica de la muralla: era defensa y límite, pero también un corredor para moverse junto al perímetro. Cerca del paso están el Pozzo Vecchio y, debajo, la Grande Cisterna.

Los espacios conocidos localmente como ammassi hacen singular a Citerna. El material turístico describe salas y recorridos en un nivel inferior, incluida una cisterna que recogía el agua de lluvia de los tejados. En un pueblo de altura, almacenar agua era una necesidad, no un adorno pintoresco. A veces se relaciona el nombre “Citerna” con esas cisternas, pero la página regional presenta la etimología como una propuesta de algunos autores, no como una conclusión demostrada. Es una hipótesis sugerente, no un origen probado del topónimo. El acceso a ciertas salas subterráneas se organiza a través de los servicios turísticos; confirma qué espacios están abiertos antes de planear la visita.

San Francesco y la atribución a Donatello

La iglesia-museo de San Francesco reúne un edificio religioso y una colección concentrada de arte umbro. La iglesia y el convento franciscano se construyeron dentro de las murallas entre los siglos XV y XVI. La información turística regional destaca obras vinculadas a Raffaellino del Colle, Niccolò Circignani —conocido como Pomarancio— y otros artistas. Los frescos y retablos merecen una mirada pausada.

La obra más conocida es la Madonna con Niño de terracota policromada que se conserva en la sacristía. Fue descubierta en 2004 dentro de la iglesia, durante un estudio de terracotas renacentistas, y tras ser restaurada en el Opificio delle Pietre Dure de Florencia se atribuyó en 2010 a la etapa juvenil de Donatello. Esa atribución es la conclusión especializada recogida por la información del museo local; no debe borrar el proceso de investigación que hay detrás. La restauración también sacó a la luz varias capas de repintado y permitió recuperar los colores originales. La sacristía se visita a través del punto de información municipal. La iglesia suele abrir en determinados horarios de fin de semana y festivos, mientras que entre semana requiere concertar la visita; confirma las condiciones y reserva con antelación.

El municipio más allá del pueblo alto

El término de Citerna contiene lugares con identidad propia. Pistrino, la localidad periférica más poblada según la información turística, conserva la iglesia de Santa Maria Assunta, cuyos orígenes se sitúan en el siglo XII y cuyo interior alberga una serie de frescos. Fighille tuvo relevancia como centro medieval de producción cerámica y hoy mantiene también una vida artística contemporánea. Su Piccolo Museo nació alrededor del concurso de pintura FighilleArte y reúne una colección que se renueva con obras premiadas y donadas. La ficha del museo local describe más de 250 obras de más de 140 artistas y señala que se visita con reserva: conviene contactar con la organización en lugar de presentarse sin comprobarlo.

Estas localidades justifican una estancia más larga. El centro de la colina se recorre a pie; Pistrino, Fighille, el antiguo monasterio del SS. Crocifisso en Cerecchio y las iglesias rurales se combinan mejor en coche o mediante una ruta planificada. El paisaje conecta Citerna con Città di Castello y Sansepolcro. Los materiales turísticos regionales de la Alta Valle del Tíber mencionan trufas, carne de Chianina, productos porcinos y Vin Santo. Son sabores y tradiciones del territorio amplio, no una afirmación de que cada producto se elabore dentro de Citerna.

Un tramo del camino franciscano y una leyenda local

Citerna forma parte de la Via di Francesco. El portal oficial de la ruta describe el tramo desde Sansepolcro como 11,66 kilómetros, con unos 230 metros de subida, superficies asfaltadas y de tierra y un tiempo publicado de alrededor de tres horas y media. La etapa siguiente, entre Citerna y Città di Castello, ronda los 19,9 kilómetros y acumula subidas y bajadas considerables. Son cifras para planificar, no garantías del tiempo individual: comprueba las marcas, el estado del sendero, el clima y los puntos de agua. La oficina turística puede facilitar la credencial del peregrino y orientación local.

Una tradición franciscana cuenta que en 1214 San Francisco predicó fuera del pueblo y pidió a unas hormigas que abandonaran el roble para no molestarlo. Es una narración devocional local y no un episodio acreditado de manera independiente. Puede contarse como leyenda porque muestra cómo la memoria religiosa se ha unido al paisaje; no debe presentarse como biografía comprobada. Lugares vinculados a esa tradición, como la Fonte Degna y el antiguo convento de Montesanto, se pueden incorporar a una caminata más amplia si el acceso lo permite.

Cómo llegar y preparar la visita

En coche, el servicio turístico de Citerna recomienda salir de la E45 por San Giustino y seguir las indicaciones hacia la colina. Desde Arezzo, la ruta señalada pasa por Monterchi antes del último desvío. El acceso en coche al casco histórico está reservado a residentes; hay aparcamientos públicos fuera de las murallas. Para autocaravanas se indica una zona a unos 500 metros, con servicios de carga y descarga, bar y baños. Confirma antes de llegar las normas locales de estacionamiento y acceso.

El autobús E389 de Busitalia comunica Città di Castello con Pistrino, Citerna, Le Ville y Lippiano. Es una opción de transporte público desde el valle, aunque las frecuencias y los servicios en días lectivos cambian; consulta el horario actual del operador. La conexión ferroviaria más cercana requiere continuar en autobús o por carretera: no hay que suponer que exista una estación en el propio pueblo alto. El punto de información municipal, en Corso Garibaldi, puede ayudar a reservar la iglesia-museo y la Madonna. Sansepolcro y Città di Castello son extensiones naturales del viaje; Monterchi permite cruzar al lado toscano del valle.

Reserva varias horas para las murallas, el mirador, la iglesia y los espacios subterráneos, y más tiempo si quieres visitar Pistrino o Fighille. Los interiores históricos y los senderos pueden tener escalones, pasajes estrechos y pavimento irregular; consulta la accesibilidad antes de salir. La fuerza de Citerna está en la convivencia de sus capas: una población de frontera, un anillo medieval de muros, un sistema de agua oculto bajo las casas y un museo donde una atribución artística se entiende como resultado de investigación y restauración.

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