Un pueblo modelado dentro de la ladera
Trôo —aunque en algunas bases de datos aparezca sin circunflejo, se pronuncia “Tro”— no se limita a apoyarse en una colina: se despliega dentro de ella. Terrazas, callejones estrechos, escaleras, cuevas y viviendas excavadas en la roca suben sobre el valle del Loir, en el Vendômois, en el centro de Francia. La comuna es pequeña: el INSEE registró 309 habitantes en todo el municipio en 2023. Sin embargo, un paseo alterna vistas abiertas del valle con estancias talladas en la caliza local de tuffeau, de modo que la geografía cotidiana forma parte de la visita.
El nombre suele relacionarse con la palabra francesa “trou” (“agujero”), una explicación repetida por fuentes turísticas locales, pero debe entenderse como una etimología propuesta y no como una certeza. Las cavidades han tenido usos y trayectorias distintas: algunas fueron viviendas, otras bodegas, talleres, almacenes o pasadizos. Trôo no es solo un conjunto de cuevas pintorescas. La pendiente condicionó la defensa, el culto, el trabajo y el refugio, mientras la suavidad de la piedra caliza permitió excavarla.
Defensas medievales y un centro religioso en capas
La historia mejor documentada comienza con la posición estratégica de Trôo sobre el Loir. La página patrimonial municipal sitúa hacia 1050 la primera muralla y la fundación de la colegiata de Saint-Martin, bajo Geoffroy Martel, conde de Anjou y de Vendôme. También describe una segunda línea defensiva en el siglo XII, destinada a proteger las nuevas viviendas y el priorato de Notre-Dame-des-Marchais. El terraplén conocido como motte castrale aún se eleva sobre el valle; según el ayuntamiento, mide unos 50 metros de diámetro y 14 de altura. Desde arriba se entiende la relación entre meseta, ladera y ribera.
Más tarde, Trôo quedó en una zona disputada entre la corona francesa y los territorios Plantagenet. La cronología municipal registra el ataque de Felipe Augusto en 1188 y el incendio de parte del barrio bajo. También recoge daños posteriores, el desmantelamiento de las fortificaciones bajo Enrique IV a finales del siglo XVI y la disolución del capítulo de la colegiata durante el periodo napoleónico. Estos episodios ayudan a explicar por qué el pueblo conserva restos medievales importantes junto a vacíos y reconstrucciones posteriores. La afirmación de que Trôo fue un oppidum romano y la cifra repetida de miles de habitantes medievales requieren mejores pruebas arqueológicas o documentales; no hacen falta para valorar la ciudad medieval que sí está documentada.
La colegiata de Saint-Martin es el principal punto arquitectónico. El ayuntamiento fecha su fundación en el siglo XI y describe las ampliaciones posteriores de bóvedas, transepto y coro. El edificio fue transformado durante siglos y su aspecto actual conserva esa historia, en vez de representar un único periodo intacto. La maladrerie de Sainte-Catherine, también llamada Hôtel-Dieu, se atribuye a Geoffroy Plantagenet en el siglo XII; sus restos están protegidos y no son un interior de visita ordinaria. Las antiguas murallas, las puertas y el camino hacia Notre-Dame-des-Marchais forman parte de un paisaje más amplio, religioso y defensivo.
Cuevas que cuentan historias de trabajo y refugio
Varias visitas permiten comprender el carácter troglodítico del lugar. La Cave Yuccas es una antigua vivienda de seis habitaciones excavadas en tuffeau y amuebladas para evocar la vida doméstica de comienzos del siglo XX; el ayuntamiento indica que estuvo habitada hasta 1965. La Cave du Vigneron presenta la tradición vitícola local y productos de temporada. En la Grotte pétrifiante, el agua cargada de caliza deja depósitos minerales que forman estalactitas y una pila de piedra; la web municipal precisa que sería más correcto llamarla cueva cristalizante. Los restos de la antigua capilla de Saint-Gabriel añaden una dimensión religiosa a la visita geológica. Los horarios y las condiciones de entrada cambian, así que conviene consultar a la asociación local antes de llegar.
En el Puits qui parle, un eco nítido explica el nombre del pozo. El Ministerio de Cultura registra su singularidad acústica y su protección como monumento histórico desde 1935. Una historia local atribuye el eco a una mujer muy habladora y al diablo; pertenece al folclore del pueblo, no a la historia documentada. Es un buen ejemplo de cómo los rasgos físicos de Trôo inspiran relatos que deben distinguirse de las pruebas sobre la fecha y la construcción del pozo.
El pueblo conserva también una huella artística del siglo XX. Antoine Bourdelle diseñó el monumento a los caídos de la Primera Guerra Mundial después de visitar Trôo invitado por el periodista Auguste Arnault. El registro municipal indica que se inauguró en 1923 y que lleva 25 nombres. La obra une el paisaje del lugar con el trabajo del escultor y convierte un monumento pequeño en un encuentro directo con la memoria local.
Un pueblo vivo de oficios, comida y visitas
El turismo importa, pero no es la única actividad local. El directorio económico municipal enumera un taller de cuentas de vidrio y joyería con demostraciones, talleres de marquetería contemporánea y encuadernación, un viticultor, un museo estacional del vino, producción de alimentos y una tienda participativa. En el pueblo hay opciones de comida y alojamiento, aunque la oferta es modesta y algunos horarios son estacionales. Se trata de pequeños negocios y asociaciones, no de una gran infraestructura turística; para aprovechar la visita conviene consultar los días de apertura y reservar cuando corresponda.
Las asociaciones locales organizan visitas guiadas y gestionan varios espacios para visitantes. Un recorrido estándar puede enlazar la colegiata, la motte, las murallas, el pozo del eco, las calles troglodíticas, la Cave Yuccas y la cueva cristalizante. El terreno es empinado, con numerosas escaleras y pasos irregulares; se recomienda calzado con buen agarre y tiempo suficiente para subir sin prisa. Si tienes movilidad reducida, consulta con antelación qué tramos e interiores son accesibles.
Cómo llegar y recorrer el valle del Loir
Vendôme es la principal puerta de entrada, a unos 25 kilómetros según la red de pueblos patrimoniales. Sus estaciones TER y Vendôme–Villiers TGV conectan la zona con servicios regionales y con París; el tramo final hasta Trôo requiere continuar por carretera o coordinar un transporte local. Consulta MOVE Vendômois o el planificador regional JV Malin para la fecha y la parada exactas, en vez de suponer que un autobús llega directamente a cada punto turístico. En verano, el Train Touristique de la Vallée du Loir ofrece viajes especiales de ida y vuelta entre Thoré-la-Rochette y Trôo en días determinados. Es una excursión estacional, no un tren diario, y exige reserva.
Trôo encaja también en una ruta pausada por el Vendômois. El itinerario ciclista del valle del Loir conecta Montoire-sur-le-Loir con Trôo y otros pueblos junto al río; Lavardin y Thoré-la-Rochette suman castillos, arquitectura y paisaje vitícola. Reserva al menos media jornada si quieres subir por las calles antiguas, visitar un museo troglodítico y contemplar el valle desde la motte. La impresión más fuerte surge de esa secuencia: la caliza bajo los pies, el frescor de las habitaciones excavadas y el Loir abierto abajo.
Trôo in three films: cave life, village heritage and the Loir valley
Nota Bene asks whether it is possible to live in a cave and uses Trôo to explore the question. The film’s description explains that residents continue to inhabit some of the village’s cave homes and presents them as places with history. This gives the subject a contemporary human angle that a general heritage montage cannot provide. It is a popular-history treatment, not a building-by-building survey, so pair it with local visits such as Cave Yuccas for a more grounded sense of how a troglodyte dwelling is arranged.
The Office de Tourisme de Vendôme’s short institutional video is a visitor-oriented preview of the troglodyte village. Its purpose is to give a quick sense of what a visit to Trôo can look like, complementing the first film’s visual heritage introduction and the second film’s focus on inhabitation. As a tourism montage, it should not be treated as a current timetable or a complete guide to every site. Confirm guided-tour dates, cave opening and transport separately before travelling.