Pavía se presenta por capas: un trazado romano bajo el pavimento, torres medievales sobre los tejados, patios universitarios llenos de estudiantes y el Ticino pasando bajo el puente cubierto. El municipio de Pavía tenía 71.811 habitantes el 31 de diciembre de 2025, según el balance provisional de población del ISTAT; la cifra comprende todo el municipio, no solo el centro antiguo. A esa población se suma una comunidad diaria más amplia, marcada por la universidad, los hospitales, los servicios públicos y quienes llegan desde la llanura pavese. El resultado es una ciudad histórica que no vive como decorado turístico: en el centro se sigue estudiando, comprando, conversando y cruzando el río.
La ciudad romana se llamó Ticinum. Su cuadrícula aún ayuda a entender la orientación del centro, aunque buena parte del asentamiento antiguo permanece bajo edificios posteriores y no debe imaginarse como un parque arqueológico completamente visible. Pavía se convirtió en capital política durante la Alta Edad Media: tras conquistarla en 572, los lombardos la eligieron como capital de su reino hasta la conquista franca de 774, como recoge la historia lombarda de la ciudad. Ese periodo dejó una memoria cívica muy fuerte y menos monumentos conservados de lo que sugiere la expresión «ciudad de las cien torres». El nombre alude a un horizonte medieval cubierto de torres familiares; quedan algunas, entre ellas el conjunto próximo a Piazza Leonardo da Vinci, mientras un fresco de 1525 en San Teodoro conserva una vista de la ciudad cuando las torres aún dominaban el perfil urbano.
Dos iglesias vuelven tangible esa historia. San Michele Maggiore es una obra maestra del románico lombardo: la fachada de arenisca está tallada con figuras, animales y escenas bíblicas. También fue escenario de ceremonias reales: Federico Barbarroja fue coronado allí rey de Italia en 1155. Cerca, San Pietro in Ciel d’Oro guarda las reliquias de san Agustín en un relicario de plata bajo el Arca de mármol esculpida en 1362. La basílica está vinculada también al filósofo Boecio. Son lugares de culto activos, de modo que conviene consultar los horarios de las celebraciones y entrar con respeto. El recorrido gana sentido cuando se visitan como parte de una historia urbana y no como interiores aislados.
Desde las basílicas se puede caminar hacia Piazza della Vittoria y el Broletto, el palacio cívico medieval. Strada Nuova combina su condición de eje histórico con tiendas y vida cotidiana. La catedral, cuya construcción comenzó en 1488, se eleva sobre los tejados con su amplia cúpula; la obra atravesó generaciones y expresa tanto la ambición renacentista como la devoción religiosa. Patios y callejones desembocan sin aviso en plazas pequeñas. Pavía no depende de una sola estampa: buena parte de su encanto está en pasar de una fachada religiosa a una entrada universitaria, una cafetería concurrida y una vista fugaz del río.
El Castillo Visconteo y los Museos Cívicos dominan el lado norte del centro. Galeazzo II Visconti comenzó a construirlo en 1360; sus patios y logias elegantes hablan de una residencia cortesana tanto como de una fortaleza. Hoy alberga colecciones que abarcan arqueología, piezas lombardas, arte medieval y renacentista, pintura y el Risorgimento. La batalla que dio a la ciudad un lugar en la historia europea se libró en el parque situado más allá de sus muros el 24 de febrero de 1525: el ejército imperial capturó a Francisco I de Francia. Pavía conmemoró el quinto centenario con exposiciones y recorridos en 2025–26, pero algunas muestras temporales ya cerraron. Comprueba el calendario actual del museo y las visitas a la torre antes de reservar tiempo.
La universidad es otro monumento vivo. La propia institución distingue sus comienzos documentados de relatos posteriores: un capitular de 825 estableció una escuela de retórica, mientras que el Studium Generale se fundó en 1361 bajo Galeazzo II Visconti y con autorización imperial. La investigación universitaria sobre sus orígenes y mitos fundacionales explica cómo las afirmaciones de una antigüedad mayor sirvieron al prestigio político e institucional. Según la información de campus, la Universidad de Pavía tiene hoy más de 26.000 estudiantes; sus palacios, patios, colegios, bibliotecas e instalaciones científicas forman parte de la trama urbana. Algunos espacios se pueden visitar y otros están dedicados a la enseñanza y la investigación: conviene consultar el acceso y las actividades abiertas en vez de suponer que todo el campus funciona como museo.
Al cruzar el Ticino cambia la escala del paseo. El Ponte Coperto une el casco histórico con Borgo Ticino, el barrio de la otra orilla, donde la ciudad se abre a riberas bajas y campos. El puente que se ve hoy se reconstruyó después de la Segunda Guerra Mundial siguiendo la línea de su antecesor del siglo XIV, gravemente dañado por los bombardeos. Un relato local cuenta que el Diablo levantó el primer puente a cambio del alma de quien lo cruzara primero, pero un arcángel frustró el plan. Es una leyenda del puente, no la historia de la construcción actual. Desde el pasaje cubierto, mira el perfil de la ciudad y sigue hacia Borgo Ticino para encontrar una perspectiva más tranquila al otro lado del agua.
La ribera es más que un paisaje. El Anello di Borgo Ticino, itinerario oficial del Parque del Ticino, forma un circuito de 9,62 kilómetros con salida y llegada en el puente. El parque lo clasifica como fácil a pie y en bicicleta; sigue el río y el canal Gravellone entre campos, antiguas explotaciones agrícolas y ambientes de llanura inundable donde encuentran refugio aves y pequeños mamíferos. También advierte que algunos tramos tienen tráfico: usa el mapa actualizado, presta atención y evita las orillas bajas cuando sube el nivel del agua. Para una excursión larga, el sendero Sesto Calende–Pavía sigue el corredor fluvial durante más de cien kilómetros, desde los paisajes del norte hasta la confluencia con el Po. Es una travesía de varios días, no un paseo urbano.
Por la ciudad pasan también la Via Francigena y la Via Francisca del Lucomagno, caminos que conectan el paisaje actual con la historia del peregrinaje y del comercio. Pavía es etapa y cruce, no una recreación temática: para entender esa función resulta mejor llegar a pie por el río, atravesar el puente y continuar por el centro hacia las iglesias y la universidad. Quien pedalee puede aprovechar los recorridos fluviales y las rutas hacia el campo, pero debe considerar el estado del terreno, el caudal y los cierres estacionales. El punto de información turística dispone de mapas y avisos locales.
La Certosa di Pavia es una excursión de gran interés, aunque se encuentra fuera del municipio de Pavía, en una localidad vecina con administración propia. Gian Galeazzo Visconti colocó su primera piedra en 1396 para fundar un monasterio cartujo y una iglesia dinástica. Más de seis siglos de construcción reunieron formas góticas, renacentistas y posteriores, visibles sobre todo en la fachada y los grandes claustros. Desde enero de 2026 la gestiona el Ministerio de Cultura; la página estatal del museo publica las condiciones de acceso, con horarios estacionales y entradas. Se llega en tren regional hasta la estación separada de Certosa di Pavia o en autobús desde la estación de autobuses de Pavía. Antes de salir, comprueba el servicio y el trayecto a pie desde la estación.
La economía turística convive con una intensa vida cívica y académica. La universidad y sus centros de investigación, los servicios médicos, el comercio y la administración sostienen actividad durante todo el año. En la comarca, los arrozales son una característica del paisaje, sobre todo en la Lomellina, mientras que las colinas del Oltrepò destacan por sus viñedos. El arroz y los productos de agua dulce aparecen en la cocina regional. La zuppa alla pavese —pan, caldo, queso y huevo— suele asociarse con una historia sobre Francisco I tras la batalla de 1525. Su origen debe presentarse como relato popular: el plato existe, pero la anécdota no es un testimonio verificado. El portal turístico oficial orienta hacia restaurantes, mercados y actividades gastronómicas; pregunta por los productos de temporada en vez de esperar un menú único.
Desplazarse es sencillo. Los trenes regionales y la línea suburbana S13 conectan Pavía con Milán a través de Rogoredo; desde la estación se puede empezar a recorrer el centro a pie y los autobuses urbanos enlazan con el castillo, la universidad y los barrios periféricos. La guía oficial para llegar a Pavía detalla las conexiones por tren y carretera; Autoguidovie publica los horarios urbanos de cada temporada, así que consulta el vigente en la fecha del viaje. En coche se puede llegar por la A7 y la salida Bereguardo–Pavia Nord, aunque las restricciones y el aparcamiento del centro requieren revisar las indicaciones locales. Un primer día puede enlazar la estación con Strada Nuova, la catedral, San Michele, el castillo y sus museos; después se cruza el puente hacia Borgo Ticino al atardecer. Reserva otra media jornada para la ribera o la Certosa. Antes de partir verifica horarios de iglesias, museos y monasterio, fechas de eventos, líneas de autobús y condiciones del río.