Cuneo ocupa una meseta en forma de cuña entre dos cursos de agua; al norte se abre la llanura y al sur asoman los Alpes Marítimos. Los ríos explican buena parte de su emplazamiento: el Stura di Demonte y el torrente Gesso erosionaron el altiplano y confluyen más abajo, dejando un saliente naturalmente defendible para el asentamiento antiguo. Esa posición ayudó a convertir Cuneo en una comunidad fortificada medieval y hoy define una ciudad de calles porticadas, mercados y corredores verdes junto al río. El Comune di Cuneo tenía 55.747 habitantes el 31 de diciembre de 2025, según el balance provisional del ISTAT para todo el municipio, no solo para el centro histórico.

La Piazza Galimberti es un buen comienzo: funciona como gran espacio cívico y acoge el mercado de los martes. En ese día, los puestos devuelven a la plaza su papel de encuentro entre productores y comerciantes de la llanura y de los valles. La amplitud del espacio enmarca también el horizonte montañoso. En uno de sus lados está Casa Galimberti y, desde allí, Via Roma conduce al núcleo más antiguo. Es una calle peatonal con soportales, tiendas, cafés y restaurantes; recorrerla permite unir patrimonio y vida cotidiana sin depender del coche. La guía turística oficial de Cuneo propone el centro, el mercado y el parque fluvial como un primer itinerario urbano.

La historia de Cuneo está documentada desde la Edad Media, no desde una supuesta fundación romana. El ayuntamiento señala que el nombre “Pizzo di Cuneo” aparece por primera vez en un documento del 23 de junio de 1198 y describe el origen de la población como probablemente ligado a personas que abandonaron territorios bajo jurisdicción del marqués de Saluzzo. La meseta tenía valor defensivo, y la trayectoria del nuevo municipio fue conflictiva: la ciudad fue reconstruida en 1231 y recibió protección del emperador Federico II en 1238. Su posición facilitó el control de intercambios entre la llanura agrícola y los pasos alpinos. La cronología municipal presenta esta historia de desplazamientos, disputas y comercio regional sin convertirla en un pasado legendario.

El trazado urbano aún conserva ecos de esa vocación defensiva, aunque las murallas desaparecieron. Los franceses regresaron en 1800 y desmontaron las fortificaciones; la casa de Saboya recuperó el territorio en 1814 y Cuneo fue elevada a sede episcopal en 1817. En el siglo XIX, los mercados de capullos de seda, castañas y ganado de raza piamontesa impulsaron el comercio y acompañaron el desarrollo bancario. Ese pasado se aprecia en el contraste entre la antigua Via Roma, eje porticado, y las plazas más abiertas de la ciudad moderna. La catedral de Santa Maria del Bosco, con fachada neoclásica, se levanta sobre una iglesia cuyo núcleo original ya existía al fundarse el municipio medieval; el edificio ha cambiado con el tiempo.

Dos museos acercan la historia local a personas concretas. El Museo Civico ocupa la antigua iglesia y convento de San Francesco, en Piazza Virginio, y reúne colecciones arqueológicas y etnográficas sobre la ciudad y su territorio. Casa Galimberti, en la plaza del mismo nombre, conserva la vivienda, obras de arte, biblioteca y archivo de la familia de Tancredi “Duccio” Galimberti. En julio de 1943, tras la caída de Mussolini, Duccio habló desde el balcón de su casa e hizo un llamamiento a resistir la ocupación alemana; el ayuntamiento relaciona aquel episodio con la importante participación de los cuneeses en la Resistencia partisana. Las visitas a la casa-museo se realizan con guía y requieren reserva previa, por lo que es mejor comprobar el calendario antes de ir.

Una caminata por Contrada Mondovì revela un Cuneo de escala más íntima: fue el antiguo barrio judío y sus calles estrechas contrastan con la amplitud de Piazza Galimberti. Cerca se alza la Torre Civica, construida en 1317; cuando se puede subir, la vista permite leer la meseta, la llanura y el borde de las montañas. El conjunto de San Francesco recuerda que el casco antiguo no responde a un único estilo: arquitectura religiosa, edificios municipales, soportales, comercios y callejones residenciales se suceden en pocas manzanas. Los horarios de los museos y de la torre pueden variar, así que conviene confirmar qué interiores están abiertos el día de la visita.

La naturaleza queda a poca distancia del centro. El Parco Fluviale Gesso e Stura sigue ambos corredores fluviales y ofrece espacios para caminar, pedalear y realizar actividades educativas. Un itinerario turístico regional describe una ruta ciclista de 28 kilómetros por el parque; el punto de información del propio parque presta orientación, organiza propuestas guiadas y alquila bicicletas. Los senderos junto al agua permiten observar las terrazas erosionadas que dieron forma al emplazamiento de Cuneo. La página oficial del Infopoint del Parque publica servicios y horarios, que pueden cambiar. Algunos tramos comparten espacio con el tráfico o tienen superficies distintas; conviene adaptar el recorrido al grupo y consultar avisos después de episodios de mal tiempo.

Cuneo también sirve como punto de partida para conocer la provincia. Los valles de Gesso, Stura y Grana se abren hacia pueblos alpinos, caminos y espacios culturales; la llanura enlaza con localidades agrícolas y mercados. La oferta regional incluye, entre otras propuestas, el museo de historia MEMO4345 en Borgo San Dalmazzo y el Centro Uomini e Lupi en el valle Gesso. Son excursiones fuera del casco urbano y requieren organizar por separado el transporte y revisar los días de apertura. La oficina de turismo ATL del Cuneese, en Via Pascal 7, orienta tanto sobre Cuneo como sobre los valles y publica itinerarios y servicios actualizados para visitantes.

La gastronomía ofrece otra forma de reconocer la ciudad. Los Cuneesi al Rhum son dulces de chocolate con merengue y crema al ron vinculados a la histórica pastelería Arione desde 1923. Se pueden probar durante el paseo por las calles centrales, mientras que el territorio provincial aporta carnes piamontesas, quesos y productos de temporada de los valles. El mercado de Piazza Galimberti permite observar el ritmo comercial de la ciudad, aunque los puestos y la actividad cambian a lo largo del año. Cuneo es una capital provincial activa, no un decorado turístico: sus comercios, cafés, oficinas, museos y servicios atienden a habitantes de la ciudad y a viajeros.

Desde Turín, se puede llegar en tren regional. Trenitalia publica servicios en la relación Torino Porta Nuova–Cuneo y en el corredor Cuneo–Limone. La estación ferroviaria está en Cuneo; desde allí hay que comprobar cómo llegar al alojamiento o al centro, a pie o mediante el transporte local disponible. Las obras y avisos de circulación pueden modificar los horarios; consulta el planificador oficial para la fecha concreta en vez de confiar en una salida memorizada. La oficina turística municipal y el Infopoint del parque también pueden orientar sobre rutas posteriores, alquiler de bicicletas y accesos al corredor fluvial.

Reserva una jornada para el centro y los ríos, y añade tiempo si quieres entrar en los museos o acercarte a los valles. Un recorrido práctico puede comenzar en Piazza Galimberti, seguir por Via Roma y la catedral, perderse un rato por Contrada Mondovì y terminar en San Francesco o Casa Galimberti; después, se puede bajar hacia las riberas para caminar o pedalear. El atractivo de Cuneo está en el equilibrio entre su escala amable y un horizonte amplio: municipio medieval al pie de los Alpes, ciudad de mercado decimonónica, escenario de la Resistencia y núcleo urbano atravesado por espacios verdes. Las montañas no son un fondo añadido; los ríos y la meseta explican por qué la ciudad se levantó precisamente aquí.