La imagen conocida de Ascona es una hilera de fachadas de colores y terrazas frente al lago Maggiore, con una colina arbolada detrás. Es una buena puerta de entrada, aunque la historia del lugar es más inquieta que su paseo lacustre: un antiguo asentamiento de pescadores y comerciantes terminó atrayendo migrantes, artistas, reformadores y viajeros, sin dejar de ser un municipio habitado. La tabla STATPOP de la Oficina Federal de Estadística registra 5.290 residentes permanentes en el municipio al 31 de diciembre de 2025. La cifra se refiere a Ascona y sus límites municipales, no a toda la región turística de Locarno. En el centro conviven servicios cotidianos, cultura y hospitalidad junto al agua.

Un territorio poblado antes del Borgo

Los hallazgos arqueológicos sitúan la historia de Ascona mucho antes de su fama turística. El municipio documenta materiales neolíticos y tumbas de la Edad del Bronce y del Hierro en las zonas de San Materno y San Michele. También se han localizado una necrópolis romana junto al cementerio y una inscripción romana cerca de la iglesia parroquial. Son huellas de ocupación antigua, pero no prueban que la ciudad actual fuera fundada por Roma. El Diccionario Histórico de Suiza da la primera forma escrita conocida como burgus de Scona, en 1224, y sitúa la vida medieval de Ascona en estrecha relación con Locarno y las familias que controlaban las orillas y sus castillos.

En el siglo XIII, las familias Carcani y Griglioni levantaron residencias fortificadas frente al lago después de huir de los conflictos políticos de Milán. La reseña municipal recuerda que Ascona estuvo bajo control de los confederados suizos entre 1513 y 1798, y describe el peso de constructores, canteros, artesanos y comerciantes. La creación del cantón del Ticino en 1803 abrió otra etapa política. La vía ferroviaria del Gotardo no pasó por esta orilla; la historia local plantea que el aislamiento relativo contribuyó a conservar un Borgo pequeño que, hacia 1900, empezaría a atraer a intelectuales y artistas del norte de Europa.

El Borgo se recorre a pie

El casco antiguo se descubre mejor despacio. Piazza Giuseppe Motta se abre junto al agua; desde allí, callejones llevan hacia el interior entre soportales, patios y antiguas viviendas de comerciantes. Junto a la iglesia de los Santos Pedro y Pablo está Casa Serodine, construida en 1620. Su fachada tallada destaca en una ciudad pequeña; los estucos se atribuyen a Giovanni Battista Serodine, hermano del pintor Giovanni. La iglesia parroquial data del siglo XVI y sustituyó a un oratorio de finales del XIV; guarda el retablo de 1630 de Giovanni Serodine. El valor del Borgo no reside solo en monumentos individuales: lo forman el ritmo de las calles, la plaza abierta al lago y la subida gradual hacia la ladera.

El itinerario cultural de Ascona continúa más allá del paseo. El Museo Comunal de Arte Moderno, el museo del Castello San Materno y el museo parroquial de San Sebastiano conectan las colecciones locales con una historia más amplia de arte y migración. El museo de arte moderno cerró para una renovación y reabrió en junio de 2026; su programación actual se anuncia hasta enero de 2027. Antes de ir, comprueba días de apertura, exposiciones y acceso. El título de Pueblo Suizo del Año 2025 confirma el atractivo de Ascona, pero lo que invita a caminar con calma es la mezcla de iglesias, arte, arquitectura doméstica y vida junto al lago.

Monte Verità: un experimento histórico

Por encima del Borgo, Monte Verità explica por qué Ascona tuvo resonancia internacional. A comienzos del siglo XX, un grupo encabezado por Ida Hofmann y Henri Oedenkoven formó allí una comunidad alternativa, en la colina conocida entonces como Monte Monescia. Sus integrantes defendían la alimentación vegetariana, la vida al aire libre, los baños de sol y aire, el nudismo y las ideas teosóficas. Más tarde llegaron artistas, bailarines, escritores y pensadores políticos, entre ellos Hermann Hesse, Rudolf von Laban, Isadora Duncan y Hugo Ball. La historia publicada por la fundación cuenta el paso de la colonia a sanatorio y, después de 1920, a la propiedad cultural vinculada al barón Eduard von der Heydt. No hace falta inventar sociedades secretas: los experimentos documentados ya fueron singulares.

Casa Anatta, antigua vivienda de los fundadores, alberga el museo dedicado a la historia de Monte Verità y a las ideas y la vida diaria de la colonia. Casa Selma, la Casa dei Russi y el parque completan la visita con arquitectura y paisaje; el hotel de estilo Bauhaus pertenece a una etapa posterior relacionada con von der Heydt. La apertura del museo es estacional y la fundación publica actualmente una temporada de visita de marzo a noviembre. Se puede subir a pie desde el Borgo, reservar una visita guiada o dedicar más tiempo al conjunto de edificios y jardines. Conviene consultar horarios y reservas, sobre todo fuera de la temporada principal.

Servicios y economía junto al agua

La economía ha pasado de la pesca, el pequeño comercio y los oficios a una actividad de servicios donde hoteles, restaurantes, tiendas, cultura y ocio estacional atienden tanto a residentes como a visitantes. El puerto patriziale es una infraestructura activa, no solo un mirador: su administración anuncia 294 amarres, suministro de agua y electricidad y un atraque de tránsito. El paseo lo enlaza con el campo de golf y los espacios de baño público. Comercios, escuelas, asociaciones deportivas y servicios municipales mantienen el ritmo del pueblo cuando disminuye la afluencia de verano. Como otros destinos lacustres populares, Ascona debe sostener sus espacios y su vida cotidiana mientras hace del turismo una actividad duradera.

Para quien llega, el Borgo reúne cafeterías, restaurantes, alojamientos, museos y paseo marítimo a una distancia cómoda a pie. Monte Verità añade una excursión de medio día; el puerto y las zonas de baño acercan el lago, y desde las calles altas parten recorridos hacia las colinas. Los alrededores amplían la visita: Locarno, Losone, Brissago y Ronco sopra Ascona. A las islas Brissago, con su jardín botánico, se llega en barcos estacionales que paran en Ascona; el horario insular también recoge conexiones hacia Locarno y otros puntos de la ribera.

Llegar desde Locarno y organizar la visita

Ascona no tiene estación ferroviaria. Se puede llegar en tren a Locarno y continuar en el autobús FART, línea 1, que enlaza Losone, Ascona, Locarno, Tenero y Gordola. El horario publicado para 2026 indica un servicio cada 15 minutos durante el día y cada 10 minutos en las horas punta de lunes a viernes; consulta las salidas en tiempo real por si hubiera cambios. En temporada de navegación, los barcos comunican Ascona con Locarno, las islas Brissago y otras paradas del lago. Son servicios estacionales y pueden verse afectados por el tiempo, por lo que el horario vigente importa más que una guía antigua.

Una primera visita puede comenzar en Piazza Giuseppe Motta, seguir por los callejones hasta Casa Serodine y la iglesia de los Santos Pedro y Pablo, y terminar en el paseo hacia el puerto. Otra jornada permite subir a Monte Verità y comprender el trasfondo de la reputación artística del pueblo; un recorrido distinto puede continuar en barco a las islas Brissago o en autobús al casco antiguo y la estación de Locarno. El centro regional de visitantes facilita mapas, paseos guiados y programación cultural. Antes de salir, comprueba trenes, autobuses y barcos, apertura de museos e iglesias, temporada de Monte Verità y posibles obras o eventos en el Borgo.